martes, 16 de diciembre de 2025

Cosas que olvido

​“Aún pienso en ella, la extraño”

“¿Qué es lo que extrañas de ella?”

“Ya no lo recuerdo, solo queda el sentimiento, la ausencia, el duelo.

¿Cómo puedo saber por qué se extraña? ¿Cómo puedo medir lo que me falta?

“Lo que sea que ella tenía está también en ti”

Palabras vacías, carentes de vida. 

Yo solo quiero volver a vivir: Quiero las tardes de sol, las lecturas acompañadas, las risas explosivas y el no temerle a la realidad.

Solo quiero recuperar esos años de conversaciones profundas, de preguntas subversivas, interacciones relajadas y llenas de poesía.

¿Qué es lo que extraño de ella?

Ve tú a saber.

Todo lo que tuve lo tengo ahora, solo que con distintas personas, ¿por qué se siente tan distinto? Siento que olvidé cómo sentir.

Ya no soy la misma que tuvo tanto, voy creando a diario lo que reparto, ya no surje de mí como fuente infinita, soy lo que queda, lo que se ha ido ya no regresa.

Ahora nosotras habitamos distintos planetas, ella ignora mi existencia y yo intento olvidar que alguna vez fuimos amigas.

¿Por qué la extraño? Me preguntas. 

Y yo no lo recuerdo.

martes, 25 de noviembre de 2025

De la sabiduría de los cítricos

​Algún día quiero volverme polvo, porque aunque no creo en la mitad de las cosas que he leído en la Biblia y la otra mitad me parece atroz, sí que me resulta tentadora la promesa de desintegrarme y volverme parte de la tierra, ser abono para plantíos y bosques, ser un ente que persigue aves insomnes en noches de profundidad inalcanzable.

Algún día quiero ser parte del paisaje, si no llego a convertirme en historia, si no si no puedo ser poesía, quiero quedar plasmada en los libros de biología, convertirme en guardadora de la vida. Y es que los forjadores de mundos pueden provenir hasta de una mandarina. No subestimes su existencia por temporadas, hasta ellas reconocen que después de octubre ya no queda nada, volverse polvo en enero es el ciclo correcto de esas frutas suicidas.

Algún día quiero ser sabia como un cítrico, aunque todas mis mascotas con nombres similares siempre han muerto: Toronja y limón, y estoy segura de que de haber nombrado a alguien más en ese espectro de nombres, también habrían tenido que morir, volver al polvo de donde ya habían escapado.

A Toronja le gustaba tomar el sol bajo un granado, con la inconsistencia de las hojas. 

Mientras Limón correteaba detrás de mi hermana y de mí en días fríos de diciembre, en años distintos, ninguna conoció un enero en nuestra casa. Me gustaría decir (aunque no es algo que pueda realmente gustar decir) que sus muertes fueron inevitables, que sus nombres y destinos iban pactados con mi teoría sobre las mandarinas decembrinas, pero sé que no fue así. Con todo, su sabiduría no se niega ni se confirma. 

Quizás por eso algún día seré sabia como un cítrico, con la necesidad inherente de volver al polvo, de no formar parte de los libros importantes, solo con menciones honoríficas, de unirme reticente a un ciclo natural de la vida y que la gente haga muecas cuando sepa de mí. Algún día volveré al polvo y renaceré en la rama de algún árbol, con la forma redondeada de piel rugosa, con secretos de otras eras y un impulso suicida propio de frutas como yo.

martes, 18 de noviembre de 2025

De la labor del tiempo

​A veces tengo tanto miedo del paso del tiempo, ni siquiera hay tiempo de preocuparnos, vivimos en la ocupación inmediata, el ahora mismo, todo categorizado en la emergencia y no promete cambiar. Nos desplazamos por los días a cada vez mayor velocidad y todo son responsabilidades y deberes disfrazados de sueños y deseos, de mensajes subliminales que nos indican lo que está mal y lo que está bien querer.

Tengo miedo por no soñar con endeudarme, por rehuir los pasatiempos “normales” y retroceder ante las olas consumistas y de satisfacción fugaz, pero nadie me entiende y me llaman loca, de carácter tacaño y muchas veces posesivo al pensar en mis formas de gastar.

Yo solo pienso en comprar libros y comida y renta y servicios, salir con mi novio y amigos, y de vuelta a empezar. 

No tengo más que decirle a todo el mundo que estoy viviendo otra vida, tal vez a la suya muy distinta, pero es mi tiempo, es mi sueño que no encaja con lo que la sociedad estipula y adoctrina. Y no siento que me esté quedando atrás, aunque como manchas borrosas los veo pasar y pasar. Más bien quisiera saltar al tiempo, volver a distinguir la línea entre el escrolleo excesivo y el antiguo aburrimiento.

¿Hace cuánto que no pienso? Es que nunca me detengo y no hay tiempo de pensar. ¿Esta soy yo o solo el conjunto de un comienzo entre la realidad y el vacío de un espacio virtual? Si cierro los ojos, ¿puedo recordar algún número telefónico, la conversación más reciente que tuve, mi desayuno de ayer? Si cierro los ojos, ¿seré capaz de detener esta sensación de vivir a la escapada, de prender y apagar pantallas, de correr tras los camiones y despertar en la oscuridad para repetir el ciclo e ir un día más a trabajar?

Y no es que no me guste, ¿acaso no sonrío como si fuera feliz? Más bien es que no me es suficiente. Quisiera dormir más, amar más, leer más, pintar, escribir, incluso tener tiempo para llorar,  pero ya estamos viviendo todos nuestros minutos al mismo tiempo. Y si hubiera más horas en el día, seguro el sistema también los haría suyos para que trabajemos más. 

martes, 11 de noviembre de 2025

Polvo ocasionado por tanto girar

​Mi vida es un borrón de colores por lo rápido que pasa,

Ya no distingo si estoy viviendo mucho o solo soy parte del entorno,

Dejándome llevar, en un intento por seguirle el ritmo a esta ingravidez vital.

Contra toda lógica es detenerme, prefiero de velocidad deteriorarme y formar parte de este universo fugaz.

Voy a armarme de polvo y volver de este mundo a estremecerme,

Porque estoy condenada a nunca parar,

Como tú, yo también juré que al morirme nuestro planeta perdería su poder gravitacional, 

¿Cuándo has visto a la tierra dudar? ¿Qué tanta influencia tenemos, hay consciencia de la pérdida, un vacío en el espacio, agradecimiento o llanto? Quizás la Tierra no siente cuando morimos, pero siente nuestro caminar.

Al final somos la espuma que habita en el mar, dispuesta estoy a enternecerme, enterrarme, todo con tal de ya no girar.

Pero los círculos están en todos lados, es lo más característico de ser humano, nos volvemos espiral, coleccionamos caracolas, somos hermeneutas que olvidaron cómo interpretar.

Ya no espero nada, ojalá estas náuseas se pasaran, para así por fin olvidar lo que es perderse, revolverse, aprender a reverdecer en este conocido mal.

viernes, 31 de octubre de 2025

De lo posible y planetario

Alguna vez fui feliz con lo inasible hasta que toqué el linde de un tal vez.

Era feliz en lo platónico, conforme con ese imaginario tan lejano, de constitución efímera y cambiante,

Efímera y cambiante, como el universo, a paso torpe y eterno, no llegaría a alterarse en esta vida, pero estaba condenado a ser final

Nos volvimos un peligro cuando aprendimos a desear,

“¿Qué vas a hacer al respecto?”, quise gritarte, “¿cómo me sacarás de este sufrimiento?”

Lo mismo daba si gritaba o si guardaba cada pensamiento muy adentro, muy adentro.

Me convertí, como siempre que me permito sentir, en una bestia arrolladora, de sentimientos intrusivos, de incontrolable soledad.

Sería con gusto inercia, me convertiría en polvo de planetas con un caótico giro lunar, te volvería mi centro si recordara cómo orbitar.

Pero guárdame esta vida, que mis deseos si bien cambiantes, son tan lentos, tan irreverentes, que son capaces de durar.

martes, 21 de octubre de 2025

Calles de frutales e insectos

En la calle del guayabo, aplastadas, yacen frutas que no resistieron un día más en sus ramas.

La calle huele a guayabas marchitas que desearían haber habitado primero un frutero.

En la calle Los Naranjos, no hay ni un árbol ni casas con colores que aludan un color parecido.

Los insectos voladores con mayor índice de mortandad son las cucarachas de tres centímetros, nadie podría abogar a favor de que el privilegio por belleza no existe.

Para una mente suicida

Terminarás matándote, querida mía, lo has descubierto y tu cuerpo solo espera. Lo supiste cuando en la mañana caía agua sobre tu cara, ni un baño te hizo sentir algo.

Lo supiste cuando notaste distancia con las personas que más quieres, cuando te negabas un día sí y otro también a llamar a tus padres, cuando llegaste a la conclusión de que no tenías metas y a la duda de si querías tener. La respuesta fue no.

Lo supiste cuando lloraste frente an amigos y desconocidos por quien alguna vez llamaste tu mejor amiga de por vida. Ya no son amigas, ¿cómo es que aún hay vida? Te preguntas, y deseas corregir ese capricho, ese desliz, error del destino y la casualidad, ¿cómo has resistido tanto? Esta indiferencia, el rechazo, el abandono y la desolación, ¿en qué momento decides vivir? ¿No tiene la misma importancia elegir cómo morir? A veces te has detestado, llamado tonta, para luego absolverte y culpar a los demás, te has dado palmaditas condescendientes y vuelto a empezar.

Ya probaste cada parte del arte, incluidas las biografías de varios suicidas, muchas poetas en la lista. Si de algo estás segura, es de que nunca te arrepientes de lo que sí llevas a cabo, de todos modos, con esta actividad cómo arrepentirte si habrá solo oscuridad.

No puedo ser nube

No nací para esta clase de amor, lleno de fugas y ausencias, de nacarada intensidad.

No nací para cuestionar mi materia o desear formar parte de las nubes, aunque me permito soñar.

A veces pienso en las nubes y deseo ser como ellas, enormes cuerpos vaporosos, inalcanzables y cambiantes, que no temen sus espacios reclamar y nunca vuelven a transitar el mismo cielo.

Me gustaría ser una nube también por su carácter efímero y transformador, por su aparente solidez (simple fachada), por sus colores cambiantes y camaleónicos, por su estructura inexistente y su presencia de sentido arrollador.

Me gustaría anunciar tormentas y estaciones, me gustaría dejarme caer en una lluvia de dos minutos y no escuchar a los transeúntes confundidos preguntar de dónde ha venido tal chaparrón porque me habré ido a otro lado, a seguir causando estragos.

Me gustaría vivir del aire, ser un oso y una flor y un elefante y todo lo que quieran ver en mí, igual la ilusión se verá disuelta en gases en un tris.

Pero soy lo que soy, y por mucho que lo quiera no puedo cambiar a mi antojo ni fingir ser una flor, no soy totalmente efímera, solo pueden serlo, si las obligo, las emociones en mí.

No puedo ser aire, soy anunciante de mi propio caos y un alma a punto de desintegrarse. Y si tampoco puedo ser nube, sé con certeza que no nací para esta clase de amor que me pide ser un ente flotante, sin rumbo ni un ritmo constante, sin inicio ni fin.

martes, 14 de octubre de 2025

De una constelación condenada a desaparecer

A veces quiero un futuro, uno de esos que tienen las personas que no creen en el destino, las que más bien se guían por lo que ven en espectaculares aquí y allá.

A veces quiero dejarme llevar y ser lo más cristalina posible para granjearme fama y ganarme amores, para que nadie se olvide de mí.

Soy todo lo que juré que sería y ahora no sé qué sigue, ¿Acaso no soñé lo suficientemente grande? ¿Es que esto es todo y soy solo las consecuencias del tiempo mal empleado en un sujeto de prueba? 

Todos dicen que es normal sentirse tan perdida en esta vida, pero no veo a nadie más que en vez de instrucciones busque convertirse en una estrella que flota y flota sin propósito, sabiendo no que morirá, sino que ya murió. ¿De verdad las estrellas lo saben?

Porque yo sí. 

Soy transparente, 

Miro mis manos nubosas

Y peligro con desaparecer.

Esta consciencia titila en la oscuridad de una vida tranquila 

Y no, no planee ninguna alternativa,

Nunca desee trascender,

Sé lo que están pensando,

Pero, ¡¿Conformista?! 

Conformismo es una palabra tan densa,

Requiere decisión.

¿¡Indecisa!? Lo negaré hasta disolverme 

Entre la nada, en este abismo

Que todos dicen que soy yo 

domingo, 31 de agosto de 2025

Para todos nosotros es el fin

Mentirme es mi prosa favorita:
Me dije que quizás podíamos suavizar la caída.
Sabía que no habitaba en mí la fuerza para irme por mis propios medios.
Quería ralentizar lo inevitable, mantenernos en el bucle conocido de un tal vez.
Pero siempre supe agradecer las desgracias que me volvían creyente y me volvían poeta, que nos hacían compartir esta vida a medias.
Y no, ya no queda nada, ni el imaginario, ni la esperanza. Para todos nosotros es el fin.

sábado, 23 de agosto de 2025

Porque este dolor cansino es todo lo que puedo sentir por ti.


Repetición

Está pasando de nuevo, que tu sombra es más fuerte que tu ausencia. 

Está pasando de nuevo, que el abismo se alimenta de mi esencia, 

Está pasando de nuevo, que este frío ha poblado mi cabeza.


Del color en las paredes

Odio las tazas pequeñas de café, pero son tan bellas, diminutas con corazones aún más diminutos hechos de espuma. 

Lo que más me gusta de estos restaurantes de paredes verdes son sus luces amarillentas. Las hay por todos lados, en el interior de la casa, en el patio, colgadas en series de un lado a otro, en los anaqueles, en la entrada, en la fachada, es que no podría ser de otra manera, no imaginas luces led cuando visitas estos establecimientos, casas grandes y antiguas donde sirven diminutas tazas de café en mesas de madera que deseas llevar a casa, rodeadas de cuadros que se recargan en pareces, pero verde bosque, y las tazas son azul índigo, y los platos color menta arenoso. 

Y de las paredes del patio juegan a entrelazarse y correr entre los ladrillos enredaderas de frivolidad casi ordenada. Hay una reunión de trabajo fuera, al parecer siempre las hay cuando decido visitar nuevos lugares. Y un paraguas yace colgado en una mesa cercana, ahí los clientes pueden dispensarse agua y a través de la ventana se desdibujan los colores de la cocina, donde se preparan cafés diminutos en tazas índigo azucarado. Y yo solo puedo pensar en las paredes verdes, en las luces cálidas y en la naturaleza del techo del patio, con vigas de madera y material traslúcido para dejar pasar la luz del exterior, pero no la lluvia. Nunca la lluvia. 

Otro sorbo de café es preguntarse qué pasaría si lo dejara caer [accidentalmente] sobre la superficie amaderada, si el perfecto índigo o el verde menta terminaran por estrellarse contra la bonita pared verde, preguntarse qué color se crearía en la colisión. Ignoro esos pensamientos porque he aprendido a hacer lo que se espera, porque es una bonita mesa y taza y pared. Y afuera llueve a cántaros.

Conversaciones parentéticas

 A veces extraño los paréntesis dentro de los paréntesis que cortaban otros paréntesis cuando hablaba contigo.

¿De qué estás huyendo, querida mía? ¿De quién te escondes que te cuestan tanto esfuerzo los días feriados?

lunes, 11 de agosto de 2025

El silencio blanco

Nos vi caer desde tan alto.
Sentí el vértigo y luego vi mis intestinos en el suelo.
Mi corazón unos metros más allá.
Nos odié por esperar tanto.
Desée haberme ido la primera vez.
No me refiero a nuestra primera discusión, 
Cuando tus lágrimas se volvieron mi mar 
Y me sentí asfixiado, indefenso.
Tampoco la primera vez que vi la decepción 
De pie entre nosotros en una habitación.
No. Más bien fue la primera vez que ese silencio blanco inundó todo, 
Se adhirió a las paredes y enmoheció el techo.

Al inicio no lo reconocí, 
Nunca lo habíamos visto ni oído 
Y ninguno hizo nada para detenerlo.
Ahora pienso en las paredes de un bonito color menta.
No quedó nada de eso,
Inundadas por ese silencio salitroso
Que oprimía el pecho y causaba alergia a los sillones.
El silencio de los malentendidos.
Lo pienso ahora y creo que habría podido hacer algo.
Moverme. Zarandearnos,
¡Cualquier cosa! 
Con tal de que nos sacara del estupor.
Creo que ambos estuvimos en shock por mucho tiempo.
Hasta que fue tarde.

Caímos desde tan alto.
La gravedad cambió sus reglas aquel día.
Se sintió imprevisto, un golpe sordo y estaba hecho.
Fue como caer en cámara lenta, como no caer en absoluto.
Verlo sin entender, desde fuera como los testigos que fuimos.
Nos vi caer desde tan alto.
Porque a veces está bien caer.
Porque crees que existirá otra persona.
Por desgracia, no muchas están dispuestas a caer.
Y hacen bien.
Míranos, estrellados contra el piso,
Desparramados de realidad,
Enterrados en esta distancia
Que creamos con prisas,
Con la esperanza de disipar...

Sólo si me esfuerzo por sentir encuentro ese regusto amargo

sábado, 9 de agosto de 2025

Día mar

Los creí eternos, 
como el mar,
Llenos de inconstancia,
pero de pendiente lineal.

Los creí presentes
Como se está cuando se quiere,
Hombro con hombro
Sólo por el placer de estar juntos 

Fue mi error
Mi expectativa,
Mi vil esperanza.
Sólo fuimos una caracola vacía 

Un arrastre cansino en la arena.
Una ausencia anunciada
Una última sonrisa
Sin saber que era la última brisa marina.



jueves, 31 de julio de 2025

Para quien cumpla años un 31 de julio

No puedo olvidar cómo el crecer está sobrevalorado y, a la vez, solo puedes celebrar ciertos años antes de querer dejar de contarlos; 

cómo todo el mundo espera que agradezcas el paso del tiempo y hagas una gran fiesta, que disfrutes de regalos que quizás no llegarás a utilizar y recibas abrazos bienvenidos y otros no tanto. 

Los cumpleaños comienzan a sonar a disculpa cuando soplas las velas y nadie conoce tu pastel favorito, quizás ni tú mismo lo sabes porque prefieres… 

¿qué es lo que prefieres? Me pregunto y sólo puedo imaginar la infinita gama de deseos que podrías pedir, ¿una nueva bicicleta cromada? ¿Un par de patines freeskate de otro color? ¿Un boleto a un concierto? ¿Vacaciones? ¿Más horas de sueño? ¿Más tiempo? Siempre más tiempo estaría bien. 

Quiero que no olvides que los años no solo se suman, sino que también suman, y que las velas que apagues hoy serán deseos cumplidos mañana.

domingo, 27 de julio de 2025

Sueños de un insecto en un frasco de mermelada

Quiero que esta vez nos trates con cuidado, 

nos conserves y nos lleves contigo a todos lados. 

De pesadillas

Veo al monstruo acercarse
a cuatro patas sobre mí
Y le temo, me tenso. 
Para cuando abro los ojos de mi sueño, 
lo veo desvanecerse en silencio. 
No recuerdo su rostro, 
pero ya he olvidado muchos otros, 
cuerpos que no se arrastraban
ni gemían ni se acercaban de esa manera. 
Esa manera en que las películas de terror están hechas. 
Si cuento que en ese rincón del techo
ya antes me había asediado una sombra. 
Si les cuento del ruido constante, 
insistente en la pared, 
sería la única que se reiría al poner eso sobre la mesa. 

Es increíble lo parecida que soy a aquello que me daña


Si cultivo plantas

Podría cantar de arrayanes,
de crisantemos y tulipanes.
Podría cultivar mi propio jardín, 
como ha hecho mi madre. 
Con trastos y desorden, 
pero lleno de verde y de luz. 

Podría comprar semillas o poner frutos a secar, 
como se ha secado mi alma, 
antes tan parecida al mar. 
Y ya no espero nada. 
Ya sólo cuento granos de arena y de sal. 

Y las mesas llenas del verdín,
las macetas enterregadas y conscientes, 
pesadas de vida, 
cansadas de nunca vivir. 

Y me niego a deshierbar en verano, 
porque el verde es característico del jardín. 
Mi alma enmohecida 
nunca habrá estado tan sana. 
Mi mente oscura y cansina, 
podrá estar un poco más agradecida 
si cultivo estas plantas llenas de vida. 

Sobre el clima

Hay una mesa llena de señores y señoras,
nosotros nos sentamos con los niños,
Ccomo cuando vacacionábamos en la playa,
largas jornadas de sol. 
Ahora los inviernos son ventudos, 
ahora nadie pisa la arena en diciembre. 
Siempre hace frío. 

Te cuento estas historias y asientes. 
Mientras la lluvia amortigua las conversaciones. 
Dentro hay mesas verdes y calidez. 
Han acomodado plantas en cada esquina 
y ramilletes de crisantemos rosas en jarrones. 

Nos terminamos el café, 
pero fuera no ha dejado de llover. 
Los automóvuiles avanzan con el ruido 
del papel al rasgarse y 
la música antigua se reproduce en la bocina. 

El piso rojo se ha inundado y los meseros se mueven
entre mesa y mesa con saltitos y tintineos. 
El cielo blanco por fin ha dejado de 
derramarse sobre el mundo 
como si de una poeta mística se tratara. 

Con todo, el tamborileo sobre las carpas no se detiene 
y la noche comienza a descender sobre 
las luces rojas del tráfico y las personas y las calles. 

Debemos pedir otro café si no queremos que nos echen bajo la lluvia. 
Este es un lugar de lujo donde las personas vacían sus bolsillos a cambio de estatus. 
Y los míos, que ya están medio vacíos por la vida misma y la cotidianeidad, 
preferirían quedarse ocultos bajo la mesa. 

Los adultos en la mesa se levantan y sólo quedamos nosotros, 
que ya pasamos de los treinta, pero no nos consideramos adultos
y fingimos pertenecer con los niños. 

Fuera el cielo se tropieza de nuevo y se vuelve a caer, 
y todos los paraguas lo señalan con el dedo y se ríen, 
como si sus alambres nunca se hubieran torcido de forma extraña con el viento. 

La brisa nos llega a la mesa verde, 
los niños se retiran y nosotros permanecemos. 
Siento que tengo más de treinta años 
viendo la lluvia caer. 
Y aun así, no creo que llueva lo suficiente. 
Y fuera los arrayanes y aralias y araucarias se agitan y danzan, 
toman turnos para sacudir sus ramas, 
más verdes que las mesas verdes del lugar. 

Y del techo penden lámparas en forma de estrella, de luces cálidas, 
nada espesas y aun así, por alguna razón, me recuerdan 
a la leche dorada cuando se combina 
y se bate con pereza en las ollas de peltre. 

Y las personas hacen círculos y conversan. 
Mientras la lluvia desciende de nuevo 
y los coches se deslizan como patinadores de hockey 
y pitan como los admiradores de un partido que casi nadie va a ver. 

Entonces pedimos otro café porque la lluvia ha empeorado 
y me descubro sola. 
Estás atrapado en el tráfico y he tenido esta compañía todo el tiempo, la de papel. 
Pero ahora es menos probable que llegues porque esta vez, 
cuando los paraguas se burlaron de la segunda caída del cielo, 
este desató una pataleta y las calles comenzaron a inundarse con su llanto 
y su berrinche ocasionó aún más tráfico 
y cayeron árboles, chocaron autos y se taparon alcantarillas. 

¿Por qué no llovió ayer?

domingo, 13 de julio de 2025

Este sentir de ausencia

Ahora la vida nunca se detiene,
¡Por cuántos años desee eso!
No importa si es verano o navidad. 
Y aun así vivimos por temporadas 
de vernos y no vernos.    
Si tan sólo mi vida no estuviera centrada 
en amantes y amigos, 
Quizás sería más feliz. 

A veces temo la idea de crecer 
Y que la vida ya no sea lo que es.
No quiero perder lo que tengo
Ni cambiarlo por algo mejor. 
No soy malagradecida, 
Sólo tenía tantas esperanzas en la vida, 
Es difícil cambiar, dejar de esperar
Y acostumbrarse a esta interminable soledad. 

Danza continua

Quiero reflexionar en torno a esta vida que me cargo,
¿De qué está hecha? ¿Por qué pesa tanto? ¿No era acaso hilo de algodón caramelizado?
Apenas descubrí que no es tan dulce como lucía. 
Las luces, esas sí que daban esperanza en las ferias y carreteras. 
Pero son de distintas naturalezas. 

Imagino mi muerte en repetidas ocasiones a lo largo del día y más aún de la noche. 
Y me pregunto cuánto tiempo tardarán en comerme los gatos. 
Luego pienso que necesito un gato porque el que teníamos [Narán] está en un tal Valle de los Naranjos vacacionando con su nueva dueña y me doy cuenta de que he de esperar a que vuelva. 
No puedo dejar que Bel se encargue de deshacerse de mi cadáver, Narán podría disfrutarlo más. 

Pienso en el pasado, en hasta dónde he llegado y descubro una vez más que no soy poeta, 
no soy un genio [[quizás sólo un cuentista que habla de poetas y de genios], 
No sé de filosofía ni de matemáticas, me he convertido en este cúmulo trémulo de acciones sin centro. 
Ya no tengo dieciséis y sigo siendo la misma, sólo que un poco más triste y más vieja. 

Nunca he pretendido ser un número más en la historia ni vivir sólo una muerte, 
Pero la ciencia ha avanzado tan poco como yo y está tan cerca de descubrir la cura a la vejez como yo de convertirme en una jugadora profesional de ajedrez (probablemente yo tenga más oportunidad que ella). Así que, si mañana muero, no será culpa de la ciencia, sino porque ha llegado mi momento. 
Me he vuelto un cuenco vacío, una cáscara amarillenta de lo que alguna vez estuvo vivo y era dulce. 

Quizás muera a manos mías y me vea derretida y a solas en una habitación. 
Juro que no moriré del arte ni de la belleza que aún queda en el mundo miserable
—seguro algo me sabe—, desabrido, tan cansino que ya solo sabe girar. 
Antes el mundo daba volteretas y danzaba al son de los dioses y cantaba con los soles que, 
Sin infinito parecían sólo flotar. 
Flotar a la deriva me cautiva y me hace querer formar parte de esta órbita sin continuidad. 
Y de nuevo el bucle y esta cotidianeidad. 

Con todo, juro que si muero no será por eso. 
Sino porque, como el mundo, olvidé cómo danzar. 

A que la vida cambie

He coleccionado monedas de a veinte que luego gasto por cosas de menor valor,
Billetes de cincuenta con bellos ajolotes que luego nunca vuelves a ver por lo bienamados que son.
He leído poesía comprada en puestos de fruta y presenciado obras teatrales de la autoría de un soñador.
¿De qué viven los que sueñan? ¿Acaso cuentan con ayuda del más allá?

He cruzado puentes que alguien más quemó y regalado libros a personas que se jactan de no saber leer.
Nunca castigaré la ignorancia,
Sólo desearía que ellos no señalaran el conocimiento como algo de lo que hay que avergonzarse.

He visto la pérdida de un amigo en los ojos de otro,
la muerte, la incertidumbre, el dolor,
He deseado ser uno más de ellos, saberme comprendida, igual que todos.
Pero no comparto referentes,
Fue como haber nacido en otro siglo y haber sido posicionada en el lugar equivocado de la vida.

En cambio, veo partículas de colores en el aire, escucho el sonsonete de la presión baja,
Y noto el abismo de la diferencia que ni siquiera yo comprendo, orgulloso, precediendo mi caída.
Esa risa burlesca me taladra la piel y me recuerda que también puedo ser un monstruo que hiere si usa el sarcasmo. Aun así, finjo contención. Fíngelo hasta que lo creas y sólo así, evito una confrontación que me permitiría quemar ciudades, porque me gustan tal y como están y yo aún puedo esperar.   

Lecciones mal aprendidas

He decidido guardar estos años.
Volverme poeta y escribir sin reparos.
Sé que allá a donde vaya te llamo
Y desearía poder verte siempre con todo y los daños.


No vuelvas a irte,
Te he pedido tantas veces,
No estoy lista para oírte.
Es probable que muera con los peces.


Preferible no cantar esta canción
Y volverme y haber perdido tu presencia.
Esta costumbre podría matar a una nación entera.
Pero en nuestra vida, la muerte ya impera.


He aprendido a manejar la tristeza.
He aprendido a que no puedes poseer a una persona,
He aprendido que los años no nos enseñaron nada.
Y que conforme el tiempo pasa, tendemos a empeorar.

lunes, 5 de mayo de 2025

Tú serías un héroe si tan sólo...

Si yo no supiera cuánto te abrumo, si no te hubiera visto huir de mí tantas veces, como si mi amor por ti me convirtiera en un monstruo mitológico y tuvieras que salvaguardar tu existencia, sálvate por favor, y no vuelvas, esta vez no vuelvas. 

Sin duda

También es sano querer en la distancia, desear lo imposible y verter ilusiones sobre irrealidades.

Nada de eso podrá matarme, la decepción no será tan grande como el amor, de ninguna manera.

martes, 1 de abril de 2025

Para la inevitabilidad de envejecer

Para envejecer no necesito un gran número de amigos, pero valoraría a cada uno con el orgullo del sol.

Nos imagino pasando el tiempo en la playa, sobre la arena, con deliciosos almuerzos con el sazón que sólo da la edad. 

Nos imagino viviendo en pueblitos recónditos, como vivieron muchos de nuestros padres, contando historias de sus momentos más humildes y los más brillantes.

Nos imagino en largas jornadas de lectura, de partidas de ajedrez, de paseos entre jardines y panaderías, nos imagino con quejas de todo lo que ya no podremos comer.

Para envejecer sólo pido compañía, ahora y entonces, sólo pido una rutina compuesta de amistades y amores.

He escuchado tantas veces en los últimos años que nadie pasa de los cuarenta en su imaginario, yo misma he deseado morir a "buena edad", antes de ser desechada por esta sociedad.

Con todo, nos imagino juntas, nos imagino amadas, en largas jornadas de té, porque no se nos permitirá tomar café.

Y sobre todo, no nos imagino condenadas a la asfixiante soledad que se nos vendía cuando se nos ocurrió decir que no queríamos ser madres, aunque sí nos gustó ser hijas. 

Para envejecer, recomiendo compañía, para no sufrir sola de una gripa ni del sentirse obsoleta ni caer en la locura o la sordera. Porque no está tan mal recargarse de años ni volver una y otra y otra vez sobre el mismo tema si hay alguien que te entiende y pasa por los mismos dilemas.

martes, 11 de febrero de 2025

Estilo de vida

Si recibo de ti un beso en el cuello, ¿Cómo sabré cuántas promesas has puesto? 
Si nos topamos en la calle y llevas puesta esa sonrisa que me dedicaste al despedirte, 
¿Cómo no voy a pensar que el mundo es cálido y vale la pena transitar por él?
A veces soy todo ímpetu desordenado, 
Caos fugaz y desbordado, 
Luego me recuerdo que no fui hecha por mano de Dios, 
Que en mí siempre habitó el orden y la luz, 
Además de esta latente oscuridad tan capaz de crear.
Las veces que aprendiste a decir adiós, 
¿No te retorciste de dolor? ¿Has conocido algo peor, que esto te parece soportable y pasajero? 
Tomar un tren, pasar frente a una máquina de algodón o detenerse justo a tiempo entre el inicio de la primavera y el punto exacto donde se enfoca mejor la luna que las personas que nos rodean.
Si a veces me da por pensar que estaría bien que nos pasaran cosas buenas más seguido, 
No es esperanza ni positivismo extremo, 
Tampoco ensoñación, es, de algún modo, lo único que me ayuda a levantarme en las mañanas, lo que me hace terminar un libro e iniciar con otro al día siguiente: que siempre puede haber algo mejor. 
Esa sensación de no detenerse, de girar y girar y a veces enfermarse por ser incapaz de parar.
Si aún le veo lo divertido a un viaje en bici o hago planes para domingos soleados, 
Si busco mirar a los ojos y sentir el tacto de tus manos 
es porque nos detuvimos en el punto correcto de la vida, 
Es porque decir adiós no está aún en el vocabulario de mi lista. 

sábado, 18 de enero de 2025

Chantaje

Te sorprendería lo que mi llanto ha conseguido 

Lo que rompe nuestro corazón nos hace suaves

Tengo la memoria del sol,
Vivo de recuerdos, los consumo, los disuelvo. 
Tengo la valentía de un eclipse, guardo el calor y soy oscura y soy feroz. 
"Puedo hacer que nos amen", 
Te doy esta promesa y desde ahora sé que fallaré.
Mi lento corazón, 
 -Por quien nos han llamado tontas en el amor, 
Nunca les daremos tregua-,
Se alimenta de planetas
Y jura saber esperar.
"¡De paciente nada!
Soy el latido de toda la humanidad".
Está dispuesto a romperse si eso significa sentir, 
Está dispuesto a desintegrarse si eso significa volverse suave y saber latir.


De las debilidades

No a todo el mundo le gusta vivir sabiéndose la debilidad de alguien más, el ideal, la posible saciedad. 
Porque lo que pasa con las debilidades es que tienden a superarse, existen para hacer más fuerte a la persona que las sufre y ser dejadas atrás. 
Conservarlas, avergüenza, 
Nadie quiere hablar de ellas, 
Ni llorar
Y las llaman traumas,
Las hablan en terapia 
Y las han de erradicar.
Porque claro, todos buscamos fortalezas, 
Volvernos invencibles, al menos en nuestras cabezas.
Es por eso que ahora callo y busco una salida,
Estos bucles no son vida.
No veo el momento en que te vuelvas fuerte, 
En saberme superada y se termine mi estadía. 

martes, 14 de enero de 2025

Me volví un poco más yo

De todas las cosas extrañas que habitan en mí, tu ausencia es una compañera constante, lo que queda de ti. 
No quería morir esperándote, 
Ya no soy la de antes,
Juré estar bien en el frío que emitía tu alma,
Pero mi materia no es lunar, 
Creo que provengo del agua, 
Por algo tengo tantos recursos del mar,

Algunas noches aún me pregunto: 
"¿De qué estás huyendo, querida mía? ¿De quién te escondes que te cuestan tanto los días feriados?" 
Por eso al trabajo nunca falto.
Ojalá el tiempo libre me abrazara, 
Desearía no temerle tanto
Es como si te siguiera esperando, 
Pero, aunque volviste, ya no eras el mismo, 
Ni yo pude sentirme igual,
Me da miedo volverme loca poco a poco, y ser de ausencia, como tú.

A veces contengo la respiración y me pregunto:
¿A dónde van los cuerpos que se esfuman cuando las almas van al cielo? 
Diría que bajo tierra, 
para eso son los cementerios,
 pero eso alude más al infierno, 
Quizás soy un demonio en espera y no tengo corazón,
 lo dice mi razón, 
saqué ese órgano inhumanamente adolorido, lo enterré sin marcar el punto de su tumba ni hacer una gran sutura, 
y ahora no lo encuentro, 
con todo, todavía lo siento,
Me volví la ausencia carcomida, 
Me volví parte de las olas que volvían, 
Me volví demonio y me volví fugaz,
Ya no espero, contenida,
Y deseo ser, de tus recuerdos, la más temida.



Eres una ausencia presente, es lo único en lo que sabes ser constante.