domingo, 13 de julio de 2025

A que la vida cambie

He coleccionado monedas de a veinte que luego gasto por cosas de menor valor,
Billetes de cincuenta con bellos ajolotes que luego nunca vuelves a ver por lo bienamados que son.
He leído poesía comprada en puestos de fruta y presenciado obras teatrales de la autoría de un soñador.
¿De qué viven los que sueñan? ¿Acaso cuentan con ayuda del más allá?

He cruzado puentes que alguien más quemó y regalado libros a personas que se jactan de no saber leer.
Nunca castigaré la ignorancia,
Sólo desearía que ellos no señalaran el conocimiento como algo de lo que hay que avergonzarse.

He visto la pérdida de un amigo en los ojos de otro,
la muerte, la incertidumbre, el dolor,
He deseado ser uno más de ellos, saberme comprendida, igual que todos.
Pero no comparto referentes,
Fue como haber nacido en otro siglo y haber sido posicionada en el lugar equivocado de la vida.

En cambio, veo partículas de colores en el aire, escucho el sonsonete de la presión baja,
Y noto el abismo de la diferencia que ni siquiera yo comprendo, orgulloso, precediendo mi caída.
Esa risa burlesca me taladra la piel y me recuerda que también puedo ser un monstruo que hiere si usa el sarcasmo. Aun así, finjo contención. Fíngelo hasta que lo creas y sólo así, evito una confrontación que me permitiría quemar ciudades, porque me gustan tal y como están y yo aún puedo esperar.   

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