de crisantemos y tulipanes.
Podría cultivar mi propio jardín,
como ha hecho mi madre.
Con trastos y desorden,
pero lleno de verde y de luz.
Podría comprar semillas o poner frutos a secar,
como se ha secado mi alma,
antes tan parecida al mar.
Y ya no espero nada.
Ya sólo cuento granos de arena y de sal.
Y las mesas llenas del verdín,
las macetas enterregadas y conscientes,
pesadas de vida,
cansadas de nunca vivir.
Y me niego a deshierbar en verano,
porque el verde es característico del jardín.
Mi alma enmohecida
nunca habrá estado tan sana.
Mi mente oscura y cansina,
podrá estar un poco más agradecida
si cultivo estas plantas llenas de vida.
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