martes, 21 de octubre de 2025

No puedo ser nube

No nací para esta clase de amor, lleno de fugas y ausencias, de nacarada intensidad.

No nací para cuestionar mi materia o desear formar parte de las nubes, aunque me permito soñar.

A veces pienso en las nubes y deseo ser como ellas, enormes cuerpos vaporosos, inalcanzables y cambiantes, que no temen sus espacios reclamar y nunca vuelven a transitar el mismo cielo.

Me gustaría ser una nube también por su carácter efímero y transformador, por su aparente solidez (simple fachada), por sus colores cambiantes y camaleónicos, por su estructura inexistente y su presencia de sentido arrollador.

Me gustaría anunciar tormentas y estaciones, me gustaría dejarme caer en una lluvia de dos minutos y no escuchar a los transeúntes confundidos preguntar de dónde ha venido tal chaparrón porque me habré ido a otro lado, a seguir causando estragos.

Me gustaría vivir del aire, ser un oso y una flor y un elefante y todo lo que quieran ver en mí, igual la ilusión se verá disuelta en gases en un tris.

Pero soy lo que soy, y por mucho que lo quiera no puedo cambiar a mi antojo ni fingir ser una flor, no soy totalmente efímera, solo pueden serlo, si las obligo, las emociones en mí.

No puedo ser aire, soy anunciante de mi propio caos y un alma a punto de desintegrarse. Y si tampoco puedo ser nube, sé con certeza que no nací para esta clase de amor que me pide ser un ente flotante, sin rumbo ni un ritmo constante, sin inicio ni fin.

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