a cuatro patas sobre mí
Y le temo, me tenso.
Para cuando abro los ojos de mi sueño,
lo veo desvanecerse en silencio.
No recuerdo su rostro,
pero ya he olvidado muchos otros,
cuerpos que no se arrastraban
ni gemían ni se acercaban de esa manera.
Esa manera en que las películas de terror están hechas.
Si cuento que en ese rincón del techo
ya antes me había asediado una sombra.
Si les cuento del ruido constante,
insistente en la pared,
sería la única que se reiría al poner eso sobre la mesa.
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