Alguna vez fui feliz con lo inasible hasta que toqué el linde de un tal vez.
Era feliz en lo platónico, conforme con ese imaginario tan lejano, de constitución efímera y cambiante,
Efímera y cambiante, como el universo, a paso torpe y eterno, no llegaría a alterarse en esta vida, pero estaba condenado a ser final
Nos volvimos un peligro cuando aprendimos a desear,
“¿Qué vas a hacer al respecto?”, quise gritarte, “¿cómo me sacarás de este sufrimiento?”
Lo mismo daba si gritaba o si guardaba cada pensamiento muy adentro, muy adentro.
Me convertí, como siempre que me permito sentir, en una bestia arrolladora, de sentimientos intrusivos, de incontrolable soledad.
Sería con gusto inercia, me convertiría en polvo de planetas con un caótico giro lunar, te volvería mi centro si recordara cómo orbitar.
Pero guárdame esta vida, que mis deseos si bien cambiantes, son tan lentos, tan irreverentes, que son capaces de durar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario