martes, 11 de febrero de 2025

Estilo de vida

Si recibo de ti un beso en el cuello, ¿Cómo sabré cuántas promesas has puesto? 
Si nos topamos en la calle y llevas puesta esa sonrisa que me dedicaste al despedirte, 
¿Cómo no voy a pensar que el mundo es cálido y vale la pena transitar por él?
A veces soy todo ímpetu desordenado, 
Caos fugaz y desbordado, 
Luego me recuerdo que no fui hecha por mano de Dios, 
Que en mí siempre habitó el orden y la luz, 
Además de esta latente oscuridad tan capaz de crear.
Las veces que aprendiste a decir adiós, 
¿No te retorciste de dolor? ¿Has conocido algo peor, que esto te parece soportable y pasajero? 
Tomar un tren, pasar frente a una máquina de algodón o detenerse justo a tiempo entre el inicio de la primavera y el punto exacto donde se enfoca mejor la luna que las personas que nos rodean.
Si a veces me da por pensar que estaría bien que nos pasaran cosas buenas más seguido, 
No es esperanza ni positivismo extremo, 
Tampoco ensoñación, es, de algún modo, lo único que me ayuda a levantarme en las mañanas, lo que me hace terminar un libro e iniciar con otro al día siguiente: que siempre puede haber algo mejor. 
Esa sensación de no detenerse, de girar y girar y a veces enfermarse por ser incapaz de parar.
Si aún le veo lo divertido a un viaje en bici o hago planes para domingos soleados, 
Si busco mirar a los ojos y sentir el tacto de tus manos 
es porque nos detuvimos en el punto correcto de la vida, 
Es porque decir adiós no está aún en el vocabulario de mi lista. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario