¿Saliste acaso de las profundidades del Infierno y es por eso que me reconozco tanto en ti?
No consigo en nadie reflejarme, eres ese espejo que me vuelve adicta a mi propia imagen y sí, con gusto revelaría los secretos del Averno con tal de parecerme más a ti.
No fui creada en el Abismo, pero conozco bien su oscuridad, adicta a la luz, permanezco bien oculta de los cultos y los curas, para no volver a abandonar esta naturaleza pensante, inmensa, que empieza de mí a brotar.
No volveré a encerrarme en un templo, aunque para muchos es casa de espiritualidad, para mí es una tumba, una cárcel de mi creciente humanidad.
Alguna vez me hice llamar un demonio en espera, pues bien, ¡Estoy cansada de esperar!
El caos es mi amigo y el desastre un pariente cercano. Habrás notado que todo lo que busca orden se distancia y lo que busca abismo, se avienta en mí y no vuelve a salir.
Me gusta ser el cielo rosa, la llama eterna, el hecho que nunca fue, la posibilidad infinita. ¿Ya te he dicho cuánto amo las noches de primavera, los atardeceres rosas, los árboles de temporada? Ahora que todo está en llamas, esto no se siente como mi hogar.
Todo es más suave cuando vuelve el calor, la vid infernal. Nadie comprende mi amor por mayo, ese calor que se adhiere a la piel y te hace sudar, nadie comprende mi amor por ti, que evoluciona y crece y también busca adherirse, pero el material de los espejos donde te encuentro es insalvable, nunca intentaré romperlo por el temor a perderte para siempre. A diferencia de las ventanas, tras los espejos no hay nada. Yo sé que si rompo este reflejo no te volveré a encontrar.
No estoy lista, veo tu nombre hasta en la Biblia, donde no está. Veo tu reflejo en todos lados, incluso creo verte en las ventanas de una iglesia a donde igual no puedo entrar.
¡Maldita sea esta vida! Que me dio la fortuna de encontrarte y no nos permitió volver a empezar.
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