Y es que cada noche esperaba que las cosas que vivimos me devolvieran la entereza.
Pero sigo siendo más personas que Pessoa, sigo en esta cabina donde habitan las prisas por convertirme en lo que dije que sería.
Guardo por ti un par de palabras, las mismas que siempre decías y no, ya no me alcanza.
Las voces que se quedaron son las que me abrazan cuando pienso en ti y las voces que se fueron, creo que tenían sus razones para aferrarse al verte partir.
Por eso hoy ya no están.
Porque ellas cuidaban que en tu ausencia fuera consciente del silencio, cuidaban que aquello que sembrara nuevo luciera tan fuera de lugar que terminaba arrancándolo sin darle una oportunidad de germinar.
Ya no escucho tantas voces cuando las luces del día nos abandonan, solo algunos susurros que no sé distinguir si provienen de los grillos o del futuro, sonido ancestral, donde por primera vez no me molesta estar sin ti y lo que ya nunca será.
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