Pero yo sé cuánto te cuesta danzar conmigo y ya no bailo para sentir que encajo. Pero todo es ilusión y ruido.
Nosotros nunca seremos uno mismo ni siquiera muy unidos, ahora incluso dudo de haber sido tu amigo. Entre él y yo no hay comparación, yo provengo del agua, de las profundidades del mar, pudiste acceder a mí porque era mar abierto, te habías hundido y no te quisiste solo salvar.
Y él es como el sol, centro de tu universo, de todo tu sistema solar, su brillo te ciega y parece fugaz, pero su eternidad es insondable y nos puede arrastrar. Como la luz del día, que así como llega se va.
Hundiste nuestro barco, no quedó nada que salvar. Las olas nos engulleron de regreso al fondo del mar. Y tal vez sí, de aquí provengo, este es mi lugar. Pero tú emergiste y te posicionaste en lo alto, como un astro de apariencia lunar. Ahí comprendí que eras el resultado de los dos, porque el reflejo del sol en el mar es la luna y la luz olvidada refleja en la orilla y abruma. Ahora te veo ajeno a mi triste soledad.
¿Para qué entonces te dejaste rescatar y me salvaste creyendo en mi tonta humanidad? Ahora he muerto, soy solo un cadáver que yace en lo profundo, en lo más oscuro del fondo de este mar.
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