Algunos poetas decían que matamos lo que amamos, y por eso quemaron sus versos año tras año, otros mejor se suicidaron, se amaban cada tanto.
¿Y yo? Ni quemo mis versos ni me vuelvo recuerdo, pero si lo hiciera, si lo fuera, en mí aún habría vida, mi aliento siempre perseguiría un atisbo de tus días. Y sí, yo sería el espectro que te asusta, el que se te aparece en sueños y no sabe quedarse muerto.