Escucha mi balada, viajero,
va de partidas y auto exilios coleccionados por el destino.
va de grandes batallas y pequeñas muertes,
de pecados imperdonables y del respeto de los hombres.
Pero no te equivoques, eso son sólo nimias amarguras,
lo verdadero viene después, con las verdades y las ataduras.
Y es que Edipo intentó al oráculo contradecir,
de su hogar partió sin saber que su destino iba a cumplir.
Más allá de las fronteras, de la riqueza de su ciudad,
fue su orgullo lo que lo hizo a su padre asesinar.
Y viajó allá donde un monstruo asediaba a una comunidad,
hasta que él puso fin y como esposa le fue permitido a su madre tomar.
Si yo hubiera sido él, después de escuchar al oráculo,
me hubiera andado con mucho más cuidado.
Pero él confió en que la distancia sería suficiente,
y así, engendró descendencia con alguien de su misma progenie.
Las noticias fueron brutales,
y como si la vista lo hubiera condenado más allá de su destino,
Edipo se sacó los ojos, convirtiéndose en su propio enemigo.
Su esposa y madre no pudo soportar tampoco esa verdad,
se quitó la vida y no fue una muerte limpia,
pues otro pecado se había añadido a su libro de eternidad.
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