jueves, 13 de abril de 2023

En la tierra somos fugazmente grandiosos de Ocean Vuong

Muerte y belleza, conceptos conectados por toda una tradición. Épocas enteras se han dedicado a crear en torno a ellos, ¿acaso no hay belleza en la pérdida, en las despedidas, en la tristeza y soledad? Quizá esa desposesión es uno de los sentimientos más humanos y, por tanto, resulta atractiva para los creadores. Ocean Vuong (Ho Chi Minh, 1988) nació en época de guerra, por tanto, conoció de muerte desde muy joven. Esto se ve reflejado continuamente en su libro En la tierra somos fugazmente grandiosos, publicado en 2019, donde habla de ambos conceptos desde una perspectiva de aceptación y transformación en un escenario de guerra. Podría decirse que existe una naturalización por parte de Vuong cuando habla de las pérdidas que tuvo su personaje, pues demuestra que la ausencia no depende únicamente de dejar de respirar, muchas veces son decisiones o lejanía irremediable. El narrador escribe sobre su vida desde joven, las personas cercanas a él, habla mucho sobre su abuela, su madre y Trevor; de cómo con él experimentó su sexualidad y se cuestionó sobre sí mismo, habla de sus muertes, incluso la de aquellos que no han muerto. La novela muestra cómo una persona puede ser un sentimiento, que nadie vive cien años, y cuestiona la memoria del día más feliz de nuestra vida, o quizá el más triste. La novela está escrita en prosa poética, con lenguaje figurado. Es de tipo epistolar, se dirige a su madre, lo que le otorga un tono intimista y de familiaridad, pero también le cuenta sobre Trevor y muchos detalles de su relación, en parte porque quería dejar plasmada esa cadena de momentos, en parte porque sabía que ella nunca lo leería. Lo cual vuelve aún más desoladora la idea general del libro. 

    Belleza y muerte han convivido a lo largo de la historia, sobre todo en momentos en que el arte romantiza lo enfermizo y lo trágico, como el romanticismo o la época medieval en la literatura. Sin embargo, no es esa clase de exaltación la que se experimenta en las páginas de En la tierra somos fugazmente grandiosos, sino un camino de vida, una existencia completa que se cuestiona a sí misma sobre su forma de existir. Vuong enlaza el lenguaje con el transitar por la vida, porque sin lengua no hay posibilidad de alcanzar al otro y sin otro, la vida se convierte en un campo sin flores. El narrador aborda las dificultades que vivía desde pequeño al mudarse a un nuevo país porque tenía acento marcado y su madre no hablaba inglés. Vuong escribe "la lengua te delataba. Al parecer, en los Estados Unidos uno no recibe «el visto bueno» sin el inglés", p.65. Sufrían de ser diferentes en un lugar donde ser distinto era razón para ser señalado y nunca formar parte. Además, el protagonista no sólo es extranjero, sino también homosexual, por lo que no sólo vive racismo, sino agresiones como un hombre no heteronormativo. Hay una parte del libro, cuando menciona que no existía una palabra para la homosexualidad y los posicionaban junto a pe dé o pederasta del vietnamita, que enfatiza las carencias de las que sufría el lenguaje, no sólo por vivir en otro país, sino por la homofobia que siempre ha estado presente. Por tanto, los cuestionamientos en torno al lenguaje y al existir son dos hilos conductores que se mueven juntos en la novela. Vuong escribe que las cosas sin nombre se pierden, pero ¿qué pasa cuando no se conoce la lengua para nombrarlas? ¿Acaso uno está perdido? Como la madre del protagonista, que vivió así,  sin saber leer, sin lenguaje, sin voz. 

La novela consigue desarrollar una comprensión profunda sobre todos los personajes. La voz narrativa se explaya y poco a poco presenta a su madre, Rose, que, como él indica, también significa "se levantó", rose del inglés, lo cual me parece un análisis hermoso del nombre de una madre que ha pasado por tanto y cuya vida nunca fue lo que ella hubiera deseado. El autor dice "que lo que tienes que hacer es esperar hasta que la tormenta te pase por alto y veas que, en efecto, tu nombre sigue asociado a algo con vida", p. 152. Cabe mencionar que Rose no tuvo opción, pues tenía que hacerse cargo de su hijo, en este caso, esa era la razón de seguir con vida. Un tema digno de resaltar es precisamente el del sacrificio por los hijos como parte de la figura femenina ideal, existe como La madre y no como persona por sí misma. El hecho de que su hijo le devuelva su nombre y le dé un significado, la reivindica hasta cierto punto. Una mujer que tiene vida sólo a través del hijo que le escribe, pareciera dar a entender que está muerta; sin embargo, hay una ocasión en que aclara que sigue viva, simplemente no leerá ese libro porque no sabe leer. "Aquella noche me prometí a mí mismo que nunca me quedaría sin palabras cuando necesitaras que hablara por ti", p. 44. Estas palabras demuestran la comprensión que llegó a tener el personaje sobre su madre con los años y de los obstáculos con los que vivía día con día. Considero que tales limitaciones están directamente ligadas a la cultura y la época de la que provenía y a la que llegó como inmigrante. Pues ni una ni otra fueron amables con una mujer sin esposo y con un hijo. No hay nada de bello en esta clase de muerte. Una vida que pasa sin ser lo que uno espera, una madre que tiene un nombre que la eleva, ahí está la belleza, pero no hay consuelo en ella, tal vez por eso se lleva tan bien con la muerte.

Las miradas son otro tema que aborda Voung en su libro. En su poética, son puentes entre personas, desvelan secretos y también los guardan. Existe una conexión entre el sentido visual, los colores y las palabras, como si en ellos estuvieran contenidos los sentimientos y las situaciones. Diserta sobre lo peligroso que puede ser un color; señala cómo algo tan simple como el color rosa utilizado por un niño en su bicicleta es algo político; y cómo los estereotipos y prejuicios nos abrazan desde la niñez y nos obligan a actuar conforme dicta la sociedad como norma. En el mismo hilo del sentido visual, Vuong explica que la belleza existe sólo fuera de sí misma, así como hay cosas que son bellas sólo por ser. Por ejemplo, el vivir: "Quiero insistir en que el hecho de estar vivos es lo bastante hermoso como para merecer una réplica" (Vuong, 2020, p. 154). Las miradas se sienten, queremos sentirlas y eso nos hace sentir vivos, conectados con los demás no sólo mediante el lenguaje, sino también las miradas, la belleza de vivir. También dice que "la mirada es un acto singular: mirar algo es llenar con ello tu vida entera aunque brevemente", p. 189. Lo que permite discernir la relación entre el mirar y el significado de existir, así como la totalidad de la vida en un instante. Por otro lado, las palabras dicen todo sobre sí mismas simplemente siendo. De ahí, se podría decir que, al contrario de las cosas bellas, pueden existir dentro de sí y por eso el protagonista, Perro Pequeño, las envidia, por hacer lo que ellos nunca podrán.

En conclusión, Vuong trabaja con cuestiones como el vivir, el existir y el significar en la vida de otro. De ahí, Rose, Lan (la abuela, quien carga con su parte de muerte), Trevor (con el accidente de auto, el funeral, todos los recuerdos) y la guerra, configuran la forma de pensar del narrador. Plasma los momentos más significativos con sus seres queridos, pero también muestra la pérdida, lo hermoso de extrañar a alguien y de la memoria ("La memoria es una elección", Vuong, 2020, p. 87) de todas las conversaciones tenidas. Vuong escribe: "Siete de mis amigos están muertos. [...]. Ya no celebro mis cumpleaños". En eso radica la relación entre belleza y muerte, en lo efímero, incontenible y fugaz de los mejores momentos de nuestra vida, pero también de los peores. Es increíble cómo todo está tan estrechamente ligado. Una serie de instantes en nuestro transitar por la vida que nos conforman como personas, las palabras que nos dan nombre, significado y sentido, nos hacen formar parte; situaciones sólo existentes en el pasado gracias a la combinación perfecta de lugar y personas que desembocaron en emociones y sensaciones específicas. Todo para terminar en muerte, lo cual hace mucho más valioso cada pedacito de vida, cada interacción con las personas que amamos. Este libro es una oda a la vida, a la muerte y la pérdida, a lo pasajero y lo sinsentido del lenguaje que guarda una belleza absurda y cegadora. 


Citlalli Cabsan

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