domingo, 26 de marzo de 2023

Edipo remake

Escucha mi balada, viajero,

va de partidas y auto exilios coleccionados por el destino. 

va de grandes batallas y pequeñas muertes, 

de pecados imperdonables y del respeto de los hombres. 


Pero no te equivoques, eso son sólo nimias amarguras, 

lo verdadero viene después, con las verdades y las ataduras.


Y es que Edipo intentó al oráculo contradecir, 

de su hogar partió sin saber que su destino iba a cumplir.

Más allá de las fronteras, de la riqueza de su ciudad, 

fue su orgullo lo que lo hizo a su padre asesinar. 


Y viajó allá donde un monstruo asediaba a una comunidad, 

hasta que él puso fin y como esposa le fue permitido a su madre tomar.


Si yo hubiera sido él, después de escuchar al oráculo, 

me hubiera andado con mucho más cuidado. 

Pero él confió en que la distancia sería suficiente, 

y así, engendró descendencia con alguien de su misma progenie.


Las noticias fueron brutales, 

y como si la vista lo hubiera condenado más allá de su destino, 

Edipo se sacó los ojos, convirtiéndose en su propio enemigo.

Su esposa y madre no pudo soportar tampoco esa verdad, 

se quitó la vida y no fue una muerte limpia, 

pues otro pecado se había añadido a su libro de eternidad.


sábado, 18 de marzo de 2023

Sueños que pierdo

Ah, esa sensación de no recordar el sueño en el que estaba cuando despierto, me hace sentir como si metiera la mano en un saco infinito de universo y tanteara entre todas esas estrellas sin poder asir alguna.

¿A dónde se van todos esos sueños? En mi memoria no residen, parecieran perderse en un espacio entre la realidad y lo onírico, o quizá se pierden entre un sueño y otro, tan rápido que no alcanzo a retenerlos en un plano propio. 

¿De dónde vienen los sueños? Son obsequios de divinidades aburridas, de experiencias ancestrales, de memorias y creaciones que mi cerebro gesta para apropiarse de vidas alternas. 

¿Pero cómo puedo yo saber? Quizá alguna vez lo hice, pero mi certeza se ha perdido como uno de esos sueños, en uno de esos fastidiosos sacos de universo, oscuros e incognoscibles, a donde se van también las ideas cuando no las escribo.

Exposición de Diana: Los elementos simbólicos de la muerte



El tema del que hablaré es la muerte, y más específicamente, los elementos que la representan en repetidas ocasiones dentro de los poemas de Juan Ramón Jiménez. He hecho una pequeña clasificación, aunque, como veremos, todos los elementos están  estrechamente ligados y a veces, resulta complicado mantener dicha división. Con base en cada uno de los elementos representativos y, hasta cierto punto, simbólicos de la muerte, es posible completar esta imagen recurrente en tales poemas. El corpus se compone por ocho poemas, los cuales son "No puedo vivir, qué triste", "Mi alma es hermana del cielo", "Jardín de otoño con mármoles", "Mañana alegre de otoño", "Se está muriendo el otoño", "La otra tarde se ha llevado", "Yo me moriré y la noche" y "Vendrá un carro por mi cuerpo"; poemas donde es posible encontrar esta representación de muerte, decadencia y ausencia; cada uno de ellos utilizado en diferente medida, en algunos casos, apenas se requiere una breve y muy específica mención. 

En primer lugar, la mayoría de estos poemas son coplas, organizadas como cuartetas de romance, están compuestas por versos octosílabos con el primero y el tercero libres, y el segundo y el cuarto con rima asonante; hay algunos casos en que las sílabas varían, pero en la mayoría de los casos son ocho. El ritmo de los poemas es lento, solemne, permite detenerse a percibir la decadencia, melancolía, nostalgia, tristeza y ausencia de la que habla continuamente, traída por la muerte misma, la cual aún no es más que una idea intangible, incompleta, pero permanente en la mente de la voz lírica.

A lo largo del corpus se repiten figuras retóricas como prosopopeyas (las cuales animan lo inerte de la naturaleza en una especie de metáfora de la separación del alma y el cuerpo, pues, aunque poseen cierta vida, permanecen quietos, silenciosos y fríos, así, el cuerpo permanecerá quieto y el alma en alguna parte, nunca es muy específico), hipérbaton (por ejemplo, en el poema [Yo me moriré, y la noche]: "y por la abierta ventana entrará una brisa fresca"), epítetos (como veremos más adelante con la fronda triste, la fronda abandonada, etc.), sinestesia (como en [Se está muriendo el otoño]: "un ruiseñor llora dulces preludios"), metáforas (como cuando en [No puedo vivir qué triste], la voz lírica asegura: "Tengo el corazón lleno de flores marchitas") y símiles (en el mismo poema, dice que una noche besa a otra noche: "como a una hermana otra hermana y como una madre a su hija").

Por otro lado, los elementos simbólicos o representativos de la muerte están divididos en tres grupos: El primero es la noche, presente en al menos la mitad de los poemas seleccionados; el segundo son las cosas muertas, donde también entra el otoño, pues la voz poética alude a dicha estación como de muerte, enfermedad y de color amarillo; y el tercero, que es el sol, el cual no se salva de la muerte y la decadencia. 

El primer grupo, la noche, trae consigo dos cosas principales, el sueño, y la luna; pero también la oscuridad, el frío y la niebla, es decir, todo lo triste o con material depresivo. El sueño, como lo presenta el poeta, resulta bastante desalentador, pues lo liga constantemente con la muerte, por ejemplo, en el [Se está muriendo el otoño] dice: "sueño y frío, llanto y niebla"; en [La otra tarde se ha llevado] habla de los árboles secos: "Parece que están soñando/ con sus pobres hojas secas"; del mismo modo que se refiere a las cosas dormidas, por ejemplo en [No puedo vivir, qué triste] donde dice: "Esta noche tengo el alma/ tan serena y tan sumisa,/ que parece que en el pecho/ se me ha quedado dormida", lo que indica también que la quietud y el silencio/ lo sereno, introducen a la muerte, como si la noche fuera la entrada a ella, así como la ausencia en el sueño. En el mismo poema, se habla de dos noches, lo cual resulta interesante, pues, como casi todos los poemas de la Antología Arias Tristes de Juan Ramón Jiménez, alude al
pasado, a lo perdido, pero en este caso, lo contrasta como si se tratara de dos aspectos diferentes, el presente lleno de recuerdos o: "noche de lumbres y flores/ llena de melancolía", y a su yo lleno de sufrimiento: "la noche de mis pesadumbres íntimas", unidas por un beso dado como ya vimos antes en el símil: "como a una hermana otra hermana", etc.

En cuanto a la luna, se encuentra en distintas formas y ocasiones, en [Se está muriendo el otoño] dice: "Y a la triste claridad/ de la luna amarillenta/ un ruiseñor llora dulces/ preludios entre la niebla", haré mención de dos cosas: el color amarillo y la niebla, el primero alude cierta melancolía, el color de la muerte, además, el segundo, parece desdibujar el paisaje continuamente. De hecho, no es la única vez en que estos tres elementos aparecen juntos, por ejemplo, en [La otra tarde se ha llevado]: "La luna camina muerta [...] amarilla entre la niebla". La niebla está presente en otros poemas, como en [Mi alma es hermana del cielo] donde dice: "los árboles del jardín/ están cargados de niebla"; mientras que la luna en [Yo me moriré, y la noche], es una luna solitaria, parte de la noche, la cual es "triste, serena y callada", de manera similar al alma. 

El segundo y tercer grupo, son las cosas muertas (junto al otoño y su característico color amarillo), y el sol, el cual, es muy cercano a la luna, pues ésta es reflejo suyo, así como los recuerdos reflejan el pasado, o la muerte a la vida. Las cosas muertas, como el mismo poeta las nombra en el poema [Mi alma es hermana del cielo], en el cual, además, el sol tiene una función importante desde el inicio del poema, con lo que confirmamos que no sólo la oscuridad tiene potencial de causar sentimientos de tristeza, sino que, mediante el otoño, los colores claros, en especial el amarillo (por ser el color de la muerte), el sol también alude emociones similares; en fin, como decía, en el inicio de [Mi alma es hermana del cielo], la voz lírica pide: "sol enfermo de otoño/ ¡mátame con tu tristeza!", en la cuarta estrofa continúa su descripción del sol, no sin antes, en la tercera estrofa, hablar de las hojas secas que lo esperan: "en el suelo frío y húmedo", para decir: "El sol ha mandado un rayo de oro viejo a la arboleda, / un rayo flotante, dulce luz para las cosas muertas", no es hasta la siguiente estrofa que se evidencia que éstas cosas muertas son las hojas, pues añade: "¡Qué ternura tiene el pobre/ sol para las hojas secas!"; en la siguiente estrofa, el poema dice: "algo que dora el jardín de ensueño de primavera", pero es otoño, es decir, la voz poética se encuentra llena de nostalgia, rodeada de esta decadencia, tanto es así, que hasta el sol le resulta triste y sin color;  en la última estrofa deja aún más claro la unión del sol con las cosas muertas, al hablar de la luz de ensueño y oro del sol, que muere en las hojas secas, las cuales le causan tristezas a esta voz lírica. 

Otro ejemplo sobre formas de plasmar el triste sol de otoño, está en [Jardín de otoño, con mármoles], que dice:  "Jardín de otoño, con mármoles/ de elegía. [lo que ya nos introduce a la muerte, lo solemne del paisaje, continúa el poema:] Lago lleno/ de hojas secas y de sol/ melancólico y enfermo". De nuevo las hojas secas y el sol enfermo, añade al paisaje una "fronda amarilla" en la segunda estrofa, donde además dice: "brilla el cielo/ dorado, de un oro blanco,/ de un oro pálido y muerto"; en la siguiente estrofa, leemos más sobre el sueño referente al sol:  "flota un sueño/ de sol, un sueño de oro,/ un sueño de troncos secos", repetición que los troncos secos forman parte de las cosas muertas, y el sol, "tibio y enfermo". La fronda amarilla y el cielo dorado, no remiten a pensamientos felices, ni más brillantes que los presentados de forma nostálgica por la voz poética, sino que la muerte aún es representada por estos colores, pues no es un color dorado intenso, sino pálido y muerto. 

Más cosas amarillas relacionadas con la muerte, además de las muertas ya mencionadas, son: la luna amarillenta, fronda amarilla, o cuando en [Yo me moriré, y la noche] afirma: "mi cuerpo estará amarillo/ y por la abierta ventana/ entrará una brisa fresca/ preguntando por mi alma" (cada vez que se menciona una ventana en los poemas, está abierta o entreabierta, y, así como la música está muy ligada con los momentos descritos sobre la muerte, del mismo modo, la ventana permanece presente en esos momentos, otro ejemplo está en [Vendrá un carro por mi cuerpo] donde dice: "Vendrá a mi cuarto la tarde/ por la entreabierta ventana/ y acariciará mis libros", en ambos casos hay ausencia de sí, pero un deseo de permanencia, de aquello que deja detrás, y pregunta en ambos poemas por su alma, es decir, se produce una separación al morir, puede incluso que su alma saliera por la ventana siempre abierta).
Vemos a la fronda con adjetivos que denotan su cercanía con la muerte, tales como fronda abandonada en [Vendrá un carro por mi cuerpo]; fronda muerta, en [Se está muriendo el otoño]; fronda triste, en  [Mañana alegre de otoño]; en los cuales, además, hay elementos como una caja negra (el ataúd), hojas secas, hojas de oro, jardines enfermos, fragancia, música, tristeza, nostalgia, melancolía, luna o sol; de este modo, también percibimos la nostalgia en la decadencia conformada por todos estos elementos en un paisaje. Esta nostalgia se encuentra en los poemas en forma de flores, y no sólo flores, sino todo lo muerto, las cosas muertas denotan lo pasado, las posibilidades que ya no están, las tristezas profundas que sufre la voz poética. 
Algunos ejemplos son:  [La otra tarde se ha llevado], penúltima y última estrofa, cuando el yo poético desea a los árboles la llegada de su florida primavera, momentos mejores, para después decir: "parece que están soñando/ con sus pobres hojas secas;/ yo les digo: no lloréis, ya vendrán las hojas nuevas", como una especie de malos recuerdos contra mejores momentos futuros; otro ejemplo, está en [Se está muriendo el otoño], en la primera estrofa que dice: "mi rosal siente floridas/ nostalgias de primavera", vemos un anhelo a lo pasado, aquello que ya no está, pero podría volver, como la primavera, en ambos casos; finalmente, en [No puedo vivir qué triste], la voz lírica afirma que no puede vivir, y continúa: "qué triste / es cruzar solo la vida/ con el pobre corazón/ lleno de flores marchitas", lo cual, según hemos visto, se trata de recuerdos y de la latente tristeza del poeta mismo.
Como conclusión, he de admitir que una antología como Arias Tristes no es la mejor opción de lectura si no está en sus planes deprimirse, pues constantemente aborda temas como ¿qué pasará cuando muera? ¿Dónde estará mi alma? ¿Alguien me recordará? ¿Llorarán sobre mi ataúd? ¿Qué les pasará a mis pobres plantas, en especial las acacias? Mi cuerpo amarillo y mi mano fría bajo tierra, digamos que no es algo muy alentador; sin embargo, fuera de eso, los poemas consiguieron formar paisajes claros en mi cabeza, no resultaron difíciles de leer, sino que comprendo su valor en la literatura, sobre todo en cuanto a símbolos, como lo son muchos de los elementos que representan a la muerte en los poemas. 











viernes, 17 de marzo de 2023

Este mar

Me he convertido en un frasco vacío en el fondo del mar, 

no sirvo de caparazón, ni de casa para el calamar.


He oído de tortugas, caracoles y anémonas lunares,

todos seres solitarios, a mis ojos, héroes ancestrales.


Quisiera caer como las olas, sin miedo a los raspones de arena, 

volver a confiar en que el porvenir carga con posibilidades etéreas.


Negar que existo cuando no me ves es la tesis de tu ausencia.

De ahí, he aceptado que en tu rostro entreteje distancias mi esencia.



Cultivo galaxias

No nos extinguiremos sin hablar, 

por eso dosifico estas galaxias. 


Ya no puedo convencerme de orbitar en otro lado. 


Esto de sembrar UNIVERSOS se me da MUY BIEN.

Sostenida en los hombros de un GIGANTE, 

con mis dedos enraizados en los tuyos,

germino sueños de distancias compartidas.


Mira cómo los años han pasado.

Vivimos en ETERNIDADES INCOMPLETAS

esperamos trascender.


Y es que en este tiempo compartimos aire, 

compartimos vida, era tu risa la que a la mía comprendía.


Si cultivo estas galaxias, si otro GIGANTE carga al que me tiene en hombros,

si masas solares fluyen por mis venas, por tus venas...

No nos extinguiremos todavía.


miércoles, 15 de marzo de 2023

Pido perdón a los dioses

Si la poesía se escribió de forma

épica en las epopeyas,

si las rimas han huido de nuestra era,

si me aferro a otros países, a otros planetas,

¿qué puedo decir si todo ha sido dicho?


Pido perdón a los dioses

por no rendir tributo.


Se expande la confusión global,

no queda nada a qué volver,

sobre esta roca plana puedes llorar,

ella ha llorado más que tú.

¿Cuánta desesperación puede encapsular una persona?

¿Cuánta puede encapsular a una persona?


Quiero abarcarlo todo, volver atrás, atrás,

todo lo posible, hasta lo medieval,

lo prehispánico, lo prehistórico.

Espero perderme en el tiempo que ya pierdo,

¿acaso las personas que amo morirán?


Estamos en la era del caos,

sólo duraremos un instante.

No podemos ser seres mágicos.

No nos volveremos hadas,

esas criaturas viajeras y etéreas, 

con toda esa magia insensata.


Somos el inicio del siglo,

somos el inicio del milenio.

Vivimos en los años veinte

y ya no comprendo nada.

¿Puedo morir ahora?

Junto a todos los que han muerto.


¿Qué ha sido de todo lo que valía la pena?

Creo que me vuelvo loca.

No conozco el pensamiento del siglo,

he vivido en una torre.

No puedo ser un hada,

que los dioses me perdonen.

Mariquitas en los ojos

Cientos de catarinas se han mudado a la cuenca de mis ojos. Creo que viven bien, parece gustarles más que el jardín porque los nidos de hormigas y el calor acaban con todo ser vivo. No llegaron de golpe, sino una por una, con pesadillas que dieron paso a noches en vela, a la espera de una más; me fueron carcomiendo los ojos hasta privarme del sentido de la vista.
¿Que cómo estoy? Resignada. Lo he intentado todo para ahuyentarlas; me he picado los ojos con flores, sumergido en agua la cabeza, he gritado de frustración por las cosquillas que siento en las pestañas y por la falta de sueño, pero nada ha cambiado.
¿Que si ya visité a un doctor? Doctor, botánico, hasta a un entomólogo acudí; este último me aseguró que las mariquitas odian a los fumadores, más específicamente, al humo que hace llorar a los ojos en los que habitan y, desde que ellas se robaron mi sentido de la vista, decidí tomar venganza y empezar a fumar, bien podían odiarme a mí también.
Comencé con tabaco normal, noté que las molestias se reducían por momentos e incluso tuve atisbos de realidad y algunas noches de descanso; intenté aferrarme a ellas a pesar de que mis dolores de cabeza se volvían más recurrentes al no tomar las dos tazas diarias de café acostumbradas. El doctor me había recomendado enfáticamente dejar ese pequeño vicio, me aseguró que a eso se debía el insomnio. ¿Preguntas que qué tiene que ver el tabaco con el café, mi insomnio y la realidad? No lo sé, ya no sé nada ahora que mis ojos se han ido. 
Durante ese breve periodo de tiempo, aunque fui capaz de hundir la cabeza en la almohada de lo onírico, había catarinas por todas partes, me invadían y me andaban por la piel, incluso el color de mis venas cambió, hinchadas por esos insectos malévolos. ¿Que cómo sé que el color cambió si no puedo ver? No puede ser de otra forma, aún ahora siento cómo recorren mis venas, volvieron espesa mi sangre.
No mucho después descubrí la solución a mi falta de café. Leí al respecto en una revista del consultorio del psiquiatra: ¡Cigarro de moka! Era como tomar café y, al mismo tiempo hacía lagrimear mis cuencas por el humo en mi garganta. Yo tampoco podía creer que algo así existiera... Esas mariquitas por fin tendrían su merecido...
Quisiera decir que funciona, pero no fue tan buena idea después de todo, ahora entiendo por qué el doctor me prohibió la cafeína.
Las catarinas están más despiertas que nunca, las comienzo a sentir cerca de las orejas, me susurran sus secretos, forman manchas oscuras bajo mis cuencas infestadas, creo que avanzan hacia mi cerebro, he tenido más sueños extraños, menos realidad... He dejado de fumar cigarros de moka y volví al tabaco, pero es demasiado tarde. 
Me convierto en una de ellas, revestida en alitas rojas con negro, sus ojos son mis ojos, y soy libre por fin.



domingo, 12 de marzo de 2023

Recordatorio

Sin importar cuánto dure mi vida, estaré más años bajo tierra que de pie sobre ella. 

Trajín mental

El trajín mental es lo que me protege del silencio en que se gesta mi enojo. De ahí, se cree que somos seres GAL... Galoff... Contingentes.

En tren

Dime tu nombre, quise decir, no te vayas sin decirme cómo encontrarte. Cómo pudiste dedicarme esa mirada sólo para desaparecer. Ahora eres un recuerdo más que se irá borrando con los días, mis ojos vagarán de vez en cuando por esa estación de tren, sin volverte a ver. Pero gracias por esa sonrisa, por esa reciprocidad de la que mi alma carecía. Tu duda en el linde de la puerta me propuso seguirte, desearía haberlo hecho, hacerte parte de mi vida... En fin, gracias por recordarme lo que es sentir amor a primera vista. 

sábado, 11 de marzo de 2023

Una de esas historias

Somos una de esas historias, querida,
Donde las amigas se distancian;
Donde sólo los sueños nos conectan.
Si te has ido, si has crecido,
Si has cambiado y nuestra amistad ha llegado a su fin,
Creceré yo también.
Prometo olvidar que seríamos amigas de por vida.
Abrazo nuestros días juntas,
Cuando era obligación lo que nos unía,
Ahora es voluntad y sé que es tiempo de dejarte ir.

Sueño de escritoras

Lunda vive por y para sí. Ha viajado, se ha perdido, ha aprendido en frenesí.

Lunda ha crecido separada de amigas, pero a veces todavía revive el recuerdo, cualquier cosa la lleva de vuelta hacia mejores días: 

Días de lluvia, cálidos abrazos; días de juego, entrelazar los dedos; días de amistad, picnics en el pasto.

Pero ella está bien, contenta con lo que obtuvo. No tiene miedo del error porque la historia le enseñó que equivocarse es la mejor cualidad humana. 

Y Lunda dice, "Malena, querida, venderemos piñas algún día, sueño de escritoras. Qué más da si prometimos ser amigas de por vida, eso también se perderá como las palabras que nunca nos diremos". 

Las cosas pasan, como la vida misma, como se extinguen los años y se desintegran los días.

Lunda vive la mayoría del tiempo en el pasado, sonríe mucho a los recuerdos. Se ha convertido en escritora, en ermitaña, en mentirosa, pues dice que ya no le importa la distancia. 

No hará el intento de cambiar a quien amó. Ni será como Penélope que espera a quien por guerras internas la abandonó.

Eso es también promesa de por vida, sueño de escritoras y pacto sin fin.