En primer lugar, la mayoría
de estos poemas son coplas, organizadas como cuartetas de romance, están
compuestas por versos octosílabos con el primero y el tercero libres, y el
segundo y el cuarto con rima asonante; hay algunos casos en que las sílabas
varían, pero en la mayoría de los casos son ocho. El ritmo de los poemas es
lento, solemne, permite detenerse a percibir la decadencia, melancolía, nostalgia, tristeza y ausencia
de la que habla
continuamente, traída por la muerte misma, la cual aún no es más que una idea intangible,
incompleta, pero permanente en la mente de la voz lírica.
A lo largo del corpus
se repiten figuras retóricas como prosopopeyas (las cuales animan lo inerte de
la naturaleza en una especie de metáfora de la separación del alma y el cuerpo,
pues, aunque poseen cierta vida, permanecen quietos, silenciosos y fríos, así,
el cuerpo permanecerá quieto y el alma en alguna parte, nunca es muy específico),
hipérbaton (por ejemplo, en el poema [Yo me moriré, y la noche]: "y por la
abierta ventana entrará una brisa fresca"), epítetos (como veremos más
adelante con la fronda triste, la fronda abandonada, etc.), sinestesia (como en [Se está muriendo el otoño]: "un ruiseñor llora dulces preludios"),
metáforas (como cuando en [No puedo vivir qué triste], la voz lírica asegura:
"Tengo el corazón lleno de flores marchitas") y símiles (en el mismo
poema, dice que una noche besa a otra noche: "como a una hermana otra hermana
y como una madre a su hija").
Por otro lado, los elementos simbólicos o representativos de la muerte están divididos en tres grupos: El primero es la noche, presente en al menos
la mitad de los poemas seleccionados; el segundo son las cosas muertas, donde
también entra el otoño, pues la voz poética alude a dicha estación como de
muerte, enfermedad y de color amarillo; y el tercero, que es el sol, el cual no se salva de la
muerte y la decadencia.
El primer grupo, la noche, trae
consigo dos cosas principales, el sueño, y la luna; pero también la oscuridad, el frío y la
niebla, es decir, todo lo triste o con material depresivo. El sueño, como lo presenta el
poeta, resulta bastante desalentador, pues lo liga constantemente con la
muerte, por ejemplo, en el [Se está muriendo el otoño] dice: "sueño y
frío, llanto y niebla"; en [La otra tarde se ha llevado] habla de los
árboles secos: "Parece que están soñando/ con sus pobres hojas
secas"; del mismo modo que se refiere a las cosas dormidas, por ejemplo en
[No puedo vivir, qué triste] donde dice: "Esta noche tengo el alma/ tan
serena y tan sumisa,/ que parece que en el pecho/ se me ha quedado
dormida", lo que indica también que la quietud y el silencio/ lo sereno,
introducen a la muerte, como si la noche fuera la entrada a ella, así como
la ausencia en el sueño. En el mismo poema, se habla de dos noches, lo cual
resulta interesante, pues, como casi todos los poemas de la
Antología Arias Tristes de Juan Ramón Jiménez,
alude al
pasado, a lo perdido, pero en este caso, lo contrasta como si se
tratara de dos aspectos diferentes, el presente lleno de recuerdos o:
"noche de lumbres y flores/ llena de melancolía", y a su yo lleno de
sufrimiento: "la noche de mis pesadumbres íntimas", unidas por un
beso dado como ya vimos antes en el símil: "como a una hermana otra
hermana", etc.
En cuanto a la luna, se encuentra en
distintas formas y ocasiones, en [Se está muriendo el otoño] dice: "Y a la
triste claridad/ de la luna amarillenta/ un ruiseñor llora dulces/ preludios
entre la niebla", haré mención de dos cosas: el color amarillo y la
niebla, el primero alude cierta melancolía, el color de la muerte, además, el segundo, parece desdibujar el paisaje continuamente. De hecho, no es la única vez en que estos tres elementos aparecen juntos, por ejemplo, en [La otra tarde se ha llevado]: "La luna camina
muerta [...] amarilla entre la niebla". La niebla está presente en otros poemas, como en [Mi alma es hermana del cielo] donde dice: "los árboles del jardín/ están cargados de niebla"; mientras que la luna en [Yo me moriré, y la noche], es una luna solitaria, parte de la noche, la cual es "triste, serena y callada", de manera similar al alma.
El segundo y tercer grupo, son las cosas muertas (junto al otoño y su característico color amarillo), y el sol, el cual, es muy cercano a la luna, pues ésta es reflejo suyo, así como los recuerdos reflejan el pasado, o la muerte a la vida. Las cosas muertas, como el mismo poeta las nombra en el poema [Mi alma es hermana del cielo], en el cual, además, el sol tiene una función importante desde el inicio del poema, con lo que confirmamos que no sólo la oscuridad tiene potencial de causar sentimientos de tristeza, sino que, mediante el otoño, los colores claros, en especial el amarillo (por ser el color de la muerte), el sol también alude emociones similares; en fin, como decía, en el inicio de [Mi alma es hermana del cielo], la voz lírica pide: "sol enfermo de otoño/ ¡mátame con tu tristeza!", en la cuarta estrofa continúa su descripción del sol, no sin antes, en la tercera estrofa, hablar de las hojas secas que lo esperan: "en el suelo frío y húmedo", para decir: "El sol ha mandado un rayo de oro viejo a la arboleda, / un rayo flotante, dulce luz para las cosas muertas", no es hasta la siguiente estrofa que se evidencia que éstas cosas muertas son las hojas, pues añade: "¡Qué ternura tiene el pobre/ sol para las hojas secas!"; en la siguiente estrofa, el poema dice: "algo que dora el jardín de ensueño de primavera", pero es otoño, es decir, la voz poética se encuentra llena de nostalgia, rodeada de esta decadencia, tanto es así, que hasta el sol le resulta triste y sin color; en la última estrofa deja aún más claro la unión del sol con las cosas muertas, al hablar de la luz de ensueño y oro del sol, que muere en las hojas secas, las cuales le causan tristezas a esta voz lírica.
Otro ejemplo sobre formas de plasmar el triste sol de otoño, está en [Jardín de otoño, con mármoles], que dice: "Jardín de otoño, con mármoles/ de elegía. [lo que ya nos introduce a la muerte, lo solemne del paisaje, continúa el poema:] Lago lleno/ de hojas secas y de sol/ melancólico y enfermo". De nuevo las hojas secas y el sol enfermo, añade al paisaje una "fronda amarilla" en la segunda estrofa, donde además dice: "brilla el cielo/ dorado, de un oro blanco,/ de un oro pálido y muerto"; en la siguiente estrofa, leemos más sobre el sueño referente al sol: "flota un sueño/ de sol, un sueño de oro,/ un sueño de troncos secos", repetición que los troncos secos forman parte de las cosas muertas, y el sol, "tibio y enfermo". La fronda amarilla y el cielo dorado, no remiten a pensamientos felices, ni más brillantes que los presentados de forma nostálgica por la voz poética, sino que la muerte aún es representada por estos colores, pues no es un color dorado intenso, sino pálido y muerto.
Más cosas amarillas relacionadas con la muerte, además de las muertas ya mencionadas, son: la luna amarillenta, fronda amarilla, o cuando en [Yo me moriré, y la noche] afirma: "mi cuerpo estará amarillo/ y por la abierta ventana/ entrará una brisa fresca/ preguntando por mi alma" (cada vez que se menciona una ventana en los poemas, está abierta o entreabierta, y, así como la música está muy ligada con los momentos descritos sobre la muerte, del mismo modo, la ventana permanece presente en esos momentos, otro ejemplo está en [Vendrá un carro por mi cuerpo] donde dice: "Vendrá a mi cuarto la tarde/ por la entreabierta ventana/ y acariciará mis libros", en ambos casos hay ausencia de sí, pero un deseo de permanencia, de aquello que deja detrás, y pregunta en ambos poemas por su alma, es decir, se produce una separación al morir, puede incluso que su alma saliera por la ventana siempre abierta).
Vemos a la fronda con adjetivos que denotan su cercanía con la muerte, tales como fronda abandonada en [Vendrá un carro por mi cuerpo]; fronda muerta, en [Se está muriendo el otoño]; fronda triste, en [Mañana alegre de otoño]; en los cuales, además, hay elementos como una caja negra (el ataúd), hojas secas, hojas de oro, jardines enfermos, fragancia, música, tristeza, nostalgia, melancolía, luna o sol; de este modo, también percibimos la nostalgia en la decadencia conformada por todos estos elementos en un paisaje. Esta nostalgia se encuentra en los poemas en forma de flores, y no sólo flores, sino todo lo muerto, las cosas muertas denotan lo pasado, las posibilidades que ya no están, las tristezas profundas que sufre la voz poética.
Algunos ejemplos son: [La otra tarde se ha llevado], penúltima y última estrofa, cuando el yo poético desea a los árboles la llegada de su florida primavera, momentos mejores, para después decir: "parece que están soñando/ con sus pobres hojas secas;/ yo les digo: no lloréis, ya vendrán las hojas nuevas", como una especie de malos recuerdos contra mejores momentos futuros; otro ejemplo, está en [Se está muriendo el otoño], en la primera estrofa que dice: "mi rosal siente floridas/ nostalgias de primavera", vemos un anhelo a lo pasado, aquello que ya no está, pero podría volver, como la primavera, en ambos casos; finalmente, en [No puedo vivir qué triste], la voz lírica afirma que no puede vivir, y continúa: "qué triste / es cruzar solo la vida/ con el pobre corazón/ lleno de flores marchitas",
lo cual, según
hemos visto, se trata de recuerdos y de la latente tristeza del poeta mismo.Como conclusión,
he de admitir que una antología como Arias Tristes no es la mejor opción de
lectura si no está en sus planes deprimirse, pues constantemente aborda temas como ¿qué
pasará cuando muera? ¿Dónde estará mi alma? ¿Alguien me recordará? ¿Llorarán
sobre mi ataúd? ¿Qué les pasará a mis pobres plantas, en especial las acacias? Mi
cuerpo amarillo y mi mano fría bajo tierra, digamos que no es algo muy
alentador; sin embargo, fuera de eso, los poemas consiguieron formar paisajes
claros en mi cabeza, no resultaron difíciles de leer, sino que comprendo su
valor en la literatura, sobre todo en cuanto a símbolos, como lo son muchos de
los elementos que representan a la muerte en los poemas.