martes, 27 de noviembre de 2018

Una Marcha hacia lo Automatizado

Hemos contenido el aliento. Hemos roto expectativas guardadas en momentos de cristal. Hemos desechado sueños plasmados en fotografías, en la guitarra verde que ha perdido la cordura. Hemos callado miedos y alimentado esperas llenas de frustración; descubierto pistas que nos llevan a la perdición.
¿Qué pasó con la luz que entraba a raudales? ¿Qué pasó con nuestro avance hacia la fábrica de autoestimas y recuerdos mejores? ¿Qué pasó con el escuadrón galofrante contra corazones rotos? ¿Qué detuvo nuestra marcha hacia lo importante? ¿Qué automatizó nuestros movimientos, las risas, las almas y el miedo a perdernos? ¿Qué lo hizo mirar a otro lado y pedir espacio? ¿Qué la hizo llorar una tarde de mayo? ¿Qué la hizo conducir entre las luces borrosas de la ciudad? ¿Qué nos mantuvo adheridos unos a otros todo este tiempo? ¿Qué nos espera ahora que caeremos solos en un cuadro desconocido? ¿Habrá otra marcha sin descanso hacia lo que no tiene esperanza? ¿Veremos silencios en lugares donde había risas y charlas? ¿Nos despediremos sin excepciones, sin volver la vista, sin motivos ni explicaciones? ¿Seremos capaces de olvidar? 
¿Qué nos trajo hasta aquí? ¿Fuiste tú, con esa oscuridad que te sigue a todas partes, con tu forma de hacer sentir bien a los demás con tus palabras, con tu increíble manera de conducir? ¿Fue él, con sus historias de terror y su música inalcanzable? ¿Fue ella, con su incomodidad y sus abrazos? ¿Fue creer, dejarse caer y esperar lo mejor? ¿Así hemos llegado hasta aquí? 
Hemos transgredido la realidad en más de una ocasión; hemos sido uno mismo y compartido memorias imposibles de recordar. Hemos cambiado en cuentos, muerto incluso, en terrenos verdes que irradian fuego; hemos perdido el valor y existido sin razón. ¿Qué nos volverá a reunir en bosques, suposiciones y salidas? ¿Serán los libros, será la música, serán eventos? Mientras tanto, habremos esperado, con marcha en pausa, redirigida y suspendida como las motas de polvo frente a ella, conservadas por siempre en una imagen, en ese día perfecto que nos seguirá hasta extinguirnos. 

domingo, 28 de octubre de 2018

La expulsión de Huerto Verde

Tres era el número perfecto, ¿por qué entonces eran cuatro? No, debía ser una confusión. El problema era que ella nunca se confundía. Lo sabía y preveía todo. ¿Qué había cambiado? Nada, seguramente. A menos que... No. Imposible. Después de todo lo que les había dado, no podían haberse vuelto contra ella. 

Había construído un mundo exclusivamente para ellos; un lugar cómodo, lleno de vida y tranquilidad. ¿Por qué desearían romper con tal perfección? Después de todo, les había dado incluso un lenguaje para comunicarse. Eso hacía todo más divertido, ¿no?

Había hecho el día y la noche para que pudieran diferenciar el paso del tiempo; les había entregado los secretos del universo y su compañía mutua. Todo estaba planeado. El número tres sería la clave de todo. Siempre serían tres. ¿Acaso no habría tres mosqueteros? ¿Tres hadas madrinas? Pero ahora no, ¿por qué?

Debía descubrir quién era la cuarta persona y qué hacía ahí. La sensación de incertidumbre era molesta. Hacía siglos que no la sentía. Los había creado precisamente para evitarla. Ellos harían lo planeado, estarían delimitados de forma discreta, por oposición con el resto de criaturas creadas. Tendrían las aproximadamente dieciséis características del lenguaje humano que en unos miles de años un tal Hockett señalaría. 

Serían perfectos, como ella, pero por partes. Serían un espejo estrellado en el suelo que reflejaría cada una de sus formas y caras. Ellos y sólo ellos serían una totalidad. Un conjunto de características específicas los definiría. Pero algo había cambiado. 

No parecían los inocentes seres preposicionales que había dejado esa mañana en Huerto Verde. Hacían algo extraño con sus rostros y cuerpos. Se balanceaban y sus dentaduras quedaban al descubierto, a la vez que se escuchaba un extraño y agradable sonido procedente de cada uno de ellos. Decidió llamar a aquello que hacían, reír. Ellos reían; pero no sabía por qué. ¿Por qué no sabía todo? ¿Qué sucedía con ella?

Entonces lo supo. Fue más una suposición, pero ignoró esa sensación de duda y lo dio por hecho. Ellos habían formado a la cuarta persona. Le habían dado aliento de vida y hecho a su imagen y perfección. Pero eso los había hecho imperfectos a todos, pues tenían un poco menos de la dosis necesaria de perfección. 

Se acercó entre las ondas de sonido y pudo ver a la cuarta creación. Parecía linda, pero no hermosa como las criaturas a las que ella... ¿Pero qué era eso? ¿Qué había sucedido con el cabello del chico? Era grueso y desordenado, ¿y con su piel? Demasiado pálida y sombreada aún sin que fuera de noche. No tuvo que esforzarse mucho para ver las nuevas fallas de su creación. Ya no había perfección en ellas. La más pequeña de todos era antes de la misma estatura que ellos; su cabello era largo y de un lacio imposible de conseguir y ahora era corto con tonos rosas. La otra joven, cuyos ojos sólían contener el color de los secretos del cielo, ahora eran tan verdes como Huerto Verde, como las plantas, como el verano. 

Y la nueva criatura había sido la culpable. Los hacía reír y eso los hacía casi perfectos otra vez, pero en seguida sus nuevas peculiaridades la hacían sentir traicionada y herida. Habían arruinado su comunidad, su perfección y su tranquilidad, por un poco de diversión.

Fue por Fuego y lo dejó correr libre por Huerto Verde. Primero, todo se volvió nebuloso, como era en el principio, antes de que cometiera el error de crear la posibilidad de un error. Y Huerto Verde fue consumido por algo asfixiante, rojo y caliente. 

Las cuatro criaturas huyeron despavoridas fuera de lo que había sido Huerto Verde. Se llevaron su verbo reír conjugado en gritar. Se llevaron esa desagradable versión de ellos, imperfecta, aunque aún preposicional; a fin de cuentas, se llevaron su espejo y su propia versión. Se vio a sí misma corriendo entre colores lejos de Huerto Verde. Tras otras tres personas y lo comprendió. Y lo detuvo todo y lo restauró. 

Pero ahora había un vacío. La ira ya no lo sustituía, ni tampoco el acuerdo con su creación. Supo de que los necesitaba de vuelta. Pero ellos debían querer volver porque algo se había roto en ellos. Era más que un espejo, eran pequeñas esquirlas esparcidas que constituirían el todo del cual habían sido parte. Puso en ellos ese vacío también. Ellos lo sentirían y vendrían a ella para restaurar la comunidad que la traición y la ira habían destruido. Deberían enviarle risas encapsuladas que su propia e imperfecta versión había compartido con su creación. Ése sería el único modo de volver a Huerto Verde, pero en su versión mejorada. 

domingo, 7 de octubre de 2018

Una petición de música

Un "tal vez" se volvió ruegos, se convirtió en una pequeña carta,
en un globo de papel con un mensaje, en una mano rayada.
Un "no lo sé" nos hizo platicar en clase, casi  cualquier cosa lo hace;
pero también nos hizo dudar y repetir el enunciado unas a otras.
Un "sí quiero ir, pero no hoy", fue suficiente para no rendirnos,
suficiente para esperar a que alguno de los recados surtiera efecto.
Un "a lo mejor" consiguió hacernos esperar en un jardín sin saber;
consiguió la música, las fotos, la voz y valió cada minuto de espera.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Si es real...

Si los miércoles, más especiales que otros días, son de música y poesía,
Lleva tu guitarra, busca canciones desconocidas para iluminar el día.
Si extrañas reír, sentirte libre de tareas, si necesitas música en tu vida,
inventa salidas los jueves, reuniones los sábados, entradas los domingos.
Si una salida con tus amigos significa no hacer tu tarea cuando puedes,
guarda las lecturas, conserva los recuerdos, espera malas notas.
Si un paste es mejor compartido y te lleva a tomar una foto increíble,
vuelve al mismo punto por recuerdos, por comida, por revuelo.
Si una botella de refresco cae abierta al suelo y su contenido estalla,
ríe ante la cara atónita de todos, ante las gotas esparcidas en las fotos.
Si un juego de preguntas te lleva a la respuesta que temías,
haz más preguntas, cuida las respuestas, entrega tus verdades.
Si una amistad te hace llorar, si una lágrima te lleva a muchas más,
déjate abrazar, no te quieras apartar, sólo es un recuerdo que guardar.
Si una despedida te hace temer porque hay otra sonrisa que se irá,
consérvala aún en enero, no te vayas con ella, no te vayas en invierno.
Si la lluvia empaña el recuerdo y emborrona las luces de la ciudad, 
deja que el cielo se caiga mientras cuentas minutos de comida.




martes, 25 de septiembre de 2018

La caída del pensamiento

Miles de millones de gotas caen sobre la humanidad, sobre el suelo y las plantas. Limpian y cambian todo. Tres estudiantes divertidos observan el caos. Nadie se esperaba una tormenta a las siete de la tarde; es gracioso, porque siempre llueve a las siete de la tarde. El tiempo se ralentiza, siempre lo hace cuando somos capturados por un momento; las gotas rebotan, saltan y se estrellan contra los pocos atrevidos que caminan bajo ellas; contra el muchacho cuya única protección es una bolsa de plástico que cubre su cabeza ("lo primero que nos enseñan de chiquitos es a no ponernos bolsas en la cabeza para no ahogarnos", comenta Isa); contra el joven de barba que, sin siquiera parpadear, se enfrenta a la lluvia y, no ha dado tres pasos cuando está empapado.
Cuando la tormenta remite, se ven más estudiantes apiñados bajo grandes paraguas que tiritan indignados. El caos continúa. Los tres espectadores de antes ya no ríen. Ya no son tres. Una de ellos se ha alejado varios metros para comprobar el nivel de agresividad de quien los tiene cautivos a tan inconvenientes horas de la tarde que se convierte en noche a una velocidad alarmante. Quedan dos espectadores sentados frente al desastre general. Ven avanzar el tiempo que se pierde con las personas y los fragmentos contenidos en él. Ven a su tercera espectadora a lo lejos; ven lo que tanta tarea les hace pensar: "Es el signo lingüístico en toda su expresión", comenta una de los dos, distraída al ver cómo el agua, la lluvia, las gotas entran en contacto con los charcos formados de accidentes, caídas libres, entes líquidos y transparentes; crean pequeñas ondas que se expanden sin límites ni arrepentimiento. La materia psíquica se une a la materia fónica por fuerza de gravedad y crean el signo lingüístico al combinarse.
Es un momento catártico, poético, desautomatizante y... Richie lo arruina: "Ay, Cabsan, qué ñoña eres. ¡El signo lingüístico", se escandaliza y ríe. Ella también ríe. No dejará de llover; el signo con los elementos que lo conforman se hacen lodo; mañana no quedará nada, ni caos, ni pureza ni transformación, sólo el olvido del día anterior.






domingo, 23 de septiembre de 2018

Nos volvimos acompañados

Ricardo nos habló de un adiós inevitable y absurdo y, de algún modo, transgredió la soledad que nos asedia. Paloma nos compartió sus inseguridades y caos personales y, en cierta forma, superó ese miedo que la hundía en blanco infinito. Isabel admitió las decenas de momentos que no sólo iba a extrañar, sino que no deseaba olvidar y, por otro de esos momentos, uno nuevo, fuimos capaces de comprender. Por mi parte les hablé de amores y despedidas, de días viciados por suposiciones y secretos ocultos, anunciados en blogs de siglos anteriores. Y de alguna manera, luchamos juntos contra el vacío asfixiante. 
Nos volvimos un enigma. Porque al estar juntos, condición existencial para crecer como unidad, la posibilidad de vivir y morir solos, como mueren todos, perdió peso y realidad desde nuestra percepción. No fue porque Ricardo externara su dolor; no fue porque Paloma se sintiera perseguida por dudas; no fue porque Isabel nos regalara sus pensamientos en poesía; ni porque yo permitiera que conocieran otra prisma mía. 
Fue más que compartir pensamientos amorfos en forma de lengua; fue música en mañanas nebulosas, soleadas o adormiladas; fue hacer tarea con ayuda, aliento y diversión; fue tomar frappés, comer elotes y ensaladas; fue andar en coche y casi morir juntos en varias ocasiones; fue escuchar los gustos personales de cada uno. Fue, aunque va contra las reglas universales del lenguaje, transferir un acontecimiento de un fluir de pensamiento a otros tres fluir de pensamiento. Fue adquirir un momento, una idea, una sensación o un sentimiento de otra esfera de vida. No sólo su significado, sino la experiencia en sí. Fue sentir ese adiós inexplicable e inminente; sufrir por dudas hiperactivas; abrazar y atesorar momentos... sentirse acompañado.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Seres Preposicionales

Vamos a una biblioteca gigante ante los minutos que avanzan felices bajo nosotros. Cabemos apenas en el auto con grandes expectativas contra lo recomendado. Venimos de ningún lado y desde todos. En nuestra burbuja de música entre amigos vamos hacia el sueño de todo lector. Conduciremos hasta que el camino se acabe. Conduciremos para que el camino nos lleve por fin al lugar deseado sin más misterio sobre lo que habremos de encontrar tras el universo infinito de posibilidades escritas, colocadas en repisas. Y llegaremos.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Lo que somos - Isa S. N.

Y voy a extrañar a Javi. Y sigo extrañando a Carlos.
Pero sobretodo voy a extrañar a Ziklali o Zivlalli o Civlaliki o cualquier variación de su nombre que le quieras decir, mientras no sea el real. Voy a extrañar su voz de traducción de A&E, porque aunque ella diga que no es cierto que habla así, no puede esconder los “oh vaya” y “wow” y “rayos” y “no puedo creerlo”. Voy a extrañar su inocencia que es de niña chiquita pero totalmente real, como si enserio hubiera vivido en una burbuja. Voy a extrañar que se pone loca cada vez que toma chocolate y que me pida que la peine y los ademanes que hace con sus manitas cuando quiere que le dé algo de comida y voy a extrañar que siempre pide elote mediano y se burla de que yo pido papas. Voy a extrañar su forma de combinar el amarillo con el tinto y voy a extrañar molestarla sobre ordeñar vacas cuando lleva su overol a la escuela. Voy a extrañar sus anillos y sus collares y sus botas y voy a extrañar la forma en la que me hace sentir un poquito mejor siempre que sonríe grande, grande, grande. Pero sobretodo voy a extrañar que aunque siempre pienso que con mis comentarios voy a alejarla y que algún día se va a hartar de que una niña que no ha vivido nada la presione a vivir más, siempre terminamos caminando una a lado de la otra, contándonos cualquier cosa, burlándonos de nuestra forma tan diferente de ver la vida. Y sobre todo voy a extrañar a Ricardo y a sus chistes sexuales a los que siempre termino contestando, algunas veces con algo peor y algunas veces con un “Ricardoooo, no puedes decir eso” Voy a extrañar sus preguntas sobre todas las tareas que todavía tenemos dos días más para hacer y sus ganas de estudiar para exámenes que ni siquiera están cerca. Voy a extrañar su forma de platicar las cosas como si te estuviera contando un secreto y sus historias de fantasmas que me cuenta aunque sabe que no creo en ellas, porque de todos modos me emocionan. Voy a extrañar sus comentarios random y las referencias a memes que sólo nosotros entendemos y voy a extrañar los videos que manda a las 12 AM y las películas que recomienda, aunque sean de miedo. Voy a extrañar que siempre nos seguimos la corriente en todo, no importa qué tan raro sea: mensajes sobre las peleas de letras, un perrito con dibujitos o nuestras bromas a Paloma. Voy a extrañar que siempre tenga un libro o una canción o una película para hablar y que cante mientras toca la guitarra de mi hermana, aunque no le guste que le haga trenzas mientras lo hace. Pero sobretodo voy a extrañar que, aunque pienso que a veces soy muy enfadosa o incómoda o superficial o mis chistes sobre mi atracción hacia él o que pienso que es un pervertido, que todo eso es demasiado y ya no va a encontrar razones para hablar o pasar tiempo conmigo; a pesar de eso, siempre cuando llega al bosquecito antes de grecolatina se sienta cerca de mí y me platica algo que le pasó en el camión o sobre el libro que venía leyendo o la película que vio ayer. Y sobre todo voy a extrañar a Paloma, una de las primeras amigas reales que tengo con la que puedo ser completamente yo y con la que siento que puedo hablar de cualquier cosa, ya sean temas serios o puras tonterías. Voy a extrañar nuestras interminables pláticas en clase que estresaban a todos pero a nosotras nos mantenían divertidas y voy a extrañar sus gritos y sus “¡Iso!” cuando quería que le hiciera caso en algo.
Voy a extrañar que nos burlemos la una de la otra pero al mismo tiempo siempre nos apoyemos. Voy a extrañar escuchar sus historias random y la manera en la que siempre escucha las mías y voy a extrañar molestarla con su sexualidad y su altura y la UNAM y su ortografía y todo, en realidad. Voy a extrañar que me explique en Grecolatina y en Filología cuando no entiendo y que no se dé cuenta de que es más lista de lo que ella misma se cree capaz de ser. Voy a extrañar su amor por cada vestido que ve y por los suéteres y chamarras amarillos y voy a extrañar que siempre llegue tarde pero siempre tenga una excusa súper elaborada, excepto en las clases de Roberto, esas sólo porque su cuerpo la odia. Voy a extrañar darle la mano cuando decimos “parkour”. Voy a extrañar molestarla con que desaparece y que me cuente sobre su gato y su perro y su hermano y sus hermanas y su mamá y su papá y sus primas y todo. Pero sobretodo voy a extrañar que siento que nunca va a dejar de ser mi amiga, sin importar lo que pase.


Presente en Dosis de Recuerdo -by Isa S.N

Voy a extrañar los elotes a las 10:30 de la mañana y quedarme dormida en la biblioteca porque cuando voy, el tiempo se cancela y hasta yo dejo de existir.Voy a extrañar caminar por la escuela los viernes cuando siento que todo está más fresquito y brillante.
Voy a extrañar no saber cómo sentarme en la tierra del bosquecito cuando traigo falda y cuando por fin traigo suéter para ponerlo debajo de mí, que se llene de plantitas y encontrarlas durante tres semanas y que parezca que nunca van a dejar de aparecer.
Voy a extrañar tener que ir a un baño y después a otro y después a otro y otro y otro y otro, hasta llegar al de trabajo social porque ahí sí hay papel y voy a extrañar saludar con una sonrisa al de las pulseritas y a los del café y a las personas que me topo en los pasillos. Voy a extrañar tratar de no caminar sobre las cositas amarillas para los ciegos y voy a extrañar el “ah, mira qué interesante” de Gaby porque, aunque a veces suena sarcástico, siempre escucha con atención nuestras preguntas, no importa cuánto la defraudemos. Y voy a extrañar cuando Eva se ríe de algo que digo y no sé si se está riendo de mí o conmigo, pero no me importa tanto porque se ve muy divertida y voy a extrañar que siempre va acompañada de una mirada de Dani Faldas que siempre me resulta enigmática ¿qué estará pensando? ¿Me odia?
Voy a extrañar el chocolate caliente y el frappé de chocolate y las paletas de hielo e ir con Ponchito y a la Cueva de los Leones y al Café Olé. Voy a extrañar leer las tres primeras páginas de las lecturas de Grecolatina antes de rendirme y esperar que haya un momento en la clase donde me pueda meter entre la conversación de las primeras personas y explicar un solo renglón de la manera más extensa que pueda. Y voy a extrañar empezar libros por gusto y no poder pasar las páginas, atorada en los primeros capítulos porque siempre hay algo más que leer, algo más que estudiar. Y voy a extrañar las clases de Joaquín aunque voy a estar muy feliz de que hayan terminado porque estoy cien por ciento segura de que no voy a extrañar el cuaderno de trabajo de latín y acordarme el lunes a las siete de la noche que tengo una lectura de filología para el día siguiente. Voy a extrañar las miradas que cruzo con Ingrid en clase que me hacen sentir que compartimos un secreto que sólo ella y yo entendemos; las que cruzo con Sulema como si nos estuviéramos burlando de algo, aunque nunca estoy muy segura de qué es. Voy a extrañar el caminito en el jardín de filosofía para llegar con Ponchito y a los desconocidos que vez en cuando me acompañan con sus miradas y me gusta fingir que no estoy al tanto de su presencia. Voy a extrañar lo feliz que se siente mi Pandora con los postres de Dany a las siete de la mañana y lo feliz que se siente mi corazoncito con la compañía de las Renatas, que siempre tienen una sonrisa y algo que platicar. Voy a extrañar las pláticas de Roberto, tan llenas de literatura, aunque cuesten tantos minutos perdidos y levantadas temprano en vano. Voy a extrañar la risita y el “hola, compañeritos” de Elizabeth. Voy a extrañar que, aunque sea tan buen maestro, las últimas semanas Joaquín todavía tenía que buscarme cuando me nombraba en la lista dos veces por semana. Voy a extrañar subir las escaleras para ir al baño y cruzar el bosquecito para ir a los puestos de afuerita de la escuelita. Voy a extrañar las risitas de Adrián y que a veces las escucho después de mis peores chistes. Voy a extrañar todos los “salud” que suenan uno arriba del otro siempre que estornudo, aunque lo haga cinco veces cada clase, cinco veces al día. Voy a extrañar ver a Sam y pensar que es muy cool, y preguntarme si alguna vez le voy a caer bien a Betty. Voy a extrañar sentarme entre los estantes de libros en la biblioteca y hojear historias que se quedan y me esperan ahí. Voy a extrañar jugar Basta de Isa y que griten todos para contestar preguntas que se me acaban de ocurrir. Voy a extrañar que nos sentemos entre los árboles a platicar todos en nuestra Sororidad de los 2017 B de Letras, bien unidos aunque no parezca. Voy a extrañar tratar de aprender las terminaciones para genitivo y nominativo y dativo y ablativo y vocativo y acusativo, de las cinco declinaciones. Voy a extrañar que mis compañeros hablen de lo mucho que les estresa griego, porque me hace sentir un poco mejor por no haberla agendado. Y voy a extrañar a Javi. Y sigo extrañando a Carlos.

La invención del ave

En el filo de su imaginación habitamos. Estamos presentes solo si ella nos piensa. Ahora es así. En nuestro campo visual hay una fuente. El agua cae en cascada como los pensamientos que nunca tuvimos fuera de la clase de Latín. Nadie les presta atención a las gotas de recuerdos que se pierden. Algo nos rodea, no soy capaz de definirlo, quizá sólo sea melancolía, tristeza o cansancio; pero es algo pesado, casi tangible y difícil de ignorar. Un silencio fascinante nos envuelve. Hasta las partículas y motitas de polvo que brillan a la casi inexistente luz del sol parecen congeladas a la espera de que algo suceda. El agua de la fuente frente a nosotros sigue su curso, como todo lo demás; pero nosotros no nos regimos con las reglas universales de tiempo y espacio. Paloma, nuestra pensadora personal, así lo ha dispuesto. Estamos contenidos en un par de canciones, en sus silencios y explosiones; en un paseo en coche hacia un destino definido con final incierto; en una tarea por hacer acerca de un pasado olvidado y perdido, pero importante; en tardes lluviosas, en mañanas aburridas y en días muy cortos.