miércoles, 25 de febrero de 2026

De los espejos y el clima infernal

Quiero decirte que tu nombre es un abrazo en una noche de verano. Ningún ángel tuvo tal nombre, pero sí la misma terminación que adorna al tuyo. 
¿Saliste acaso de las profundidades del Infierno y es por eso que me reconozco tanto en ti? 
No consigo en nadie reflejarme, eres ese espejo que me vuelve adicta a mi propia imagen y sí, con gusto revelaría los secretos del Averno con tal de parecerme más a ti. 
No fui creada en el Abismo, pero conozco bien su oscuridad, adicta a la luz, permanezco bien oculta de los cultos y los curas, para no volver a abandonar esta naturaleza pensante, inmensa, que empieza de mí a brotar. 
No volveré a encerrarme en un templo, aunque para muchos es casa de espiritualidad, para mí es una tumba, una cárcel de mi creciente humanidad.
Alguna vez me hice llamar un demonio en espera, pues bien, ¡Estoy cansada de esperar!
El caos es mi amigo y el desastre un pariente cercano. Habrás notado que todo lo que busca orden se distancia y lo que busca abismo, se avienta en mí y no vuelve a salir. 
Me gusta ser el cielo rosa, la llama eterna, el hecho que nunca fue, la posibilidad infinita. ¿Ya te he dicho cuánto amo las noches de primavera, los atardeceres rosas, los árboles de temporada? Ahora que todo está en llamas, esto no se siente como mi hogar.
Todo es más suave cuando vuelve el calor, la vid infernal. Nadie comprende mi amor por mayo, ese calor que se adhiere a la piel y te hace sudar, nadie comprende mi amor por ti, que evoluciona y crece y también busca adherirse, pero el material de los espejos donde te encuentro es insalvable, nunca intentaré romperlo por el temor a perderte para siempre. A diferencia de las ventanas, tras los espejos no hay nada. Yo sé que si rompo este reflejo no te volveré a encontrar. 
No estoy lista, veo tu nombre hasta en la Biblia, donde no está. Veo tu reflejo en todos lados, incluso creo verte en las ventanas de una iglesia a donde igual no puedo entrar. 
¡Maldita sea esta vida! Que me dio la fortuna de encontrarte y no nos permitió volver a empezar.

domingo, 15 de febrero de 2026

De lo amargo y lo perdido

​Mi primer día sin ti fue un sinsentido, ahogarse en un vaso de agua, la decisión más masoquista.

El segundo día fue un día lluvioso, un borrón en una página que decía tantas cosas importantes. Hoy parece que los días siguen pasando, pero un solo día puede durar semanas enteras y tu esencia me persigue hasta en las cosas que no compartí contigo. Y es que lo que sí compartí y perdí cuando te fuiste, fue una parte de mí. 

Mi tercer día sin ti fue un laberinto sin salida, un juego cerrado donde no hay ganadores, porque, ¿quién podría sentirse victorioso con este desenlace? ¿Y de verdad nos hemos desenlazado, o solo nuestras vidas que se vieron obligadas a separarse?

Aprendí a amar de nuevo, más o menos, en distintas dosis y no hace mucho. Aprendí a huir antes de sentir demasiado, como hiciste tú cada vez. Aprendí a estar sola y a vivir ahora, cuando la vida todavía está sucediendo e importa. Y yo no sé si te importo todavía o si soy solo un recuerdo deslucido de una mejor vida. Al menos era una mejor vida para mí, porque me veo incapaz de conciliar el trago amargo y lo que se supone que era vino. ¿Tú encuentras el regusto amable? 

Soy el resultado de lo que vivimos y no, a diferencia de ti no soy capaz de conciliar la vida que tuvimos con la que vivo sola ahora. Me pregunto si me construí con la melancolía proveniente de mis poetas y suicidas favoritos. Porque estoy segura de que sé cómo ser feliz, ni siquiera es tan difícil, viene en la fórmula social: una taza de café o dos por la mañana y otras dos antes de las cuatro de la tarde o te será imposible dormir o despertar. Vino tinto todos los fines de semana y rosa en los días feriados. Toda solución es la que corre por las venas y las mías se han vuelto tan espesas que no sabría cómo diluirlas. 

Te he pedido ayuda a gritos para aprender a respirar ahora que no estás, a creer en el futuro y sobre todo, a ser la persona que fui contigo. Pero tú estás lejos viviendo muchas otras vidas y usaste tu derecho, esa carta blanca de ignorar mi llamado y mantener la distancia. La distancia, esa condena responsable de mucho bien, pero también de la muerte de los poetas de antaño. De ser así, me aqueja esa enfermedad medieval, ¿alguien podría morir de distancia? Creo que estamos todos vacunados. 

Tu ausencia es tu versión más amarga, mi completa perdición. Y sí, preferiría ahogarme que vivir bajo esta bebida infernal que me quema las entrañas y absorbe la poca cordura que me queda. Y sí, prefiero no hablar de eso mientras intento construir un puente con los escombros de quien fui y lo que soy ahora. Y por eso huyo, con la ciudad incendiada a mis espaldas, con la promesa de volverme sal como lo han hecho mis lágrimas, si es que alguna vez fui capaz de llanto, habilidad extraña, proveniente de otra época también, síntoma inconfundible de la amargura de los poetas antiguos que podían morir de amor.

A partir de ahora beberé los días más amargos, guardaré los poemas desoladores porque te traen al presente y, por un momento, puedo fingir que estás aquí e imaginar un futuro de presencia constante. De ahora en adelante, lo más cerca que estaré del presente serán los primeros tres días sin ti. 


Aventé tu nombre al mar, primer paso para el olvido, según dicen, ¡pero las olas lo regresaron a la orilla!

Entes de agua, de sol, de apariencia lunar

​Pero yo sé cuánto te cuesta danzar conmigo y ya no bailo para sentir que encajo. Pero todo es ilusión y ruido.

Nosotros nunca seremos uno mismo ni siquiera muy unidos, ahora incluso dudo de haber sido tu amigo. Entre él y yo no hay comparación, yo provengo del agua, de las profundidades del mar, pudiste acceder a mí porque era mar abierto, te habías hundido y no te quisiste solo salvar. 

Y él es como el sol, centro de tu universo, de todo tu sistema solar, su brillo te ciega y parece fugaz, pero su eternidad es insondable y nos puede arrastrar. Como la luz del día, que así como llega se va.

Hundiste nuestro barco, no quedó nada que salvar. Las olas nos engulleron de regreso al fondo del mar. Y tal vez sí, de aquí provengo, este es mi lugar. Pero tú emergiste y te posicionaste en lo alto, como un astro de apariencia lunar. Ahí comprendí que eras el resultado de los dos, porque el reflejo del sol en el mar es la luna y la luz olvidada refleja en la orilla y abruma. Ahora te veo ajeno a mi triste soledad.

¿Para qué entonces te dejaste rescatar y me salvaste creyendo en mi tonta humanidad? Ahora he muerto, soy solo un cadáver que yace en lo profundo, en lo más oscuro del fondo de este mar.

sábado, 14 de febrero de 2026

De fantasmas en frascos de mermelada

-Está ahí, ¿La ve?
El médico guardó lo que quedó de su cadáver en un frasco de mermelada y por un momento el espectro hizo ademán de desvanecerse, ¿Cómo podía continuar viéndola si le temía tanto como la extrañaba? 
-No pudimos recuperar la mayor parte de sus cenizas, podrían ser de cualquiera, pero creo que esto debería funcionar para que deje de perseguirte.
-¿Qué hay del resto? ¿Volverá por mí?
-No debería, no es como que usted la haya asesinado... En todo caso, eso requeriría mucho más esfuerzo que este... -el doctor sacudió el frasco con cuidado, acercando su rostro para ver el contenido de cerca, no era más que polvillo gris, nadie pensaría que alguna vez fue una persona de carne y hueso-. Es difícil decir que es suya, ¿Sabe? La ceniza. Normalmente se requiere de todo un estudio para determinar su proveniencia. 
-Es ella, estoy seguro, la reconocería en todas sus formas. Tal vez esa es mi maldición, por eso no puedo cerrar los ojos sin sentir su presencia o caminar por la calle sin verla por el rabillo del ojo. Lo peor de todo son las noches, doctor, esas noches de sueños implacables de cuando estábamos juntos, de cuando supe que había muerto, del funeral y de la vida ahora, ¡La vida ahora, si es que a esto se le puede llamar vida!
-Es un hecho, entonces, no volverá a molestarlo, ¿Qué le preocupa? 
-Alina es la persona más terca que conozco ..
-Era la persona más terca que conoció -especificó el médico-, para alejar los fantasmas es necesario pensar en ellos en pasado, de otro modo, les damos un poder que solo los vivos debemos tener: el de ser presente. 
-Le tengo tanto miedo a la silueta que me sigue a todos lados, pero temo más el vacío que se asienta en mi sangre con su ausencia. 
-El primer paso es aceptar que no volverá a verla, asúmalo y pronto verá que los frascos tienen una mínima parte del poder que podemos darle a nuestros pensamientos .
-¿Lo que usted dice es que pienso tanto en ella que la imagino?
-Palabras más, palabras menos. No es a los muertos a los que hay que temer.
-Es fácil decirlo cuando no la conoció -respondió el joven-. Ella juró perseguirme, sus últimas palabras fueron tan contundentes que aún resuenan en mis huesos: "no pude tenerte en vida, por mucho que te amé, me dejaste una y otra vez y esperaste a que te recibiera de vuelta con los brazos abiertos y yo lo hice. La sociedad me castigó por amarte a pesar de todo, tal vez tenían razón y desperdicié mi vida, pero ten por seguro que te perseguiré en la muerte como siempre quise hacerlo en vida, este cuerpo no me pesará", me lo dijo todo en su lecho de muerte, sus palabras se agolpaban contra sus pulmones y me dijo todo entre susurros. 
-¡Eso no era amor! ¡Era una obsesión! -se escandalizó el médico. 
-Oh, pero ella me amaba como nadie más pudo hacerlo, conocía cada una de mis fallas y las aceptó lo mejor que pudo, nunca quiso hacerme cambiar y por eso volví una y otra vez. Creo que eso es lo más difícil de todo, doctor, esta soledad aplastante, el sentir que mi alma se encuentra en este frasco de cristal con ella, con todos los momentos buenos que pasamos. 
-Entonces, si tanto la quería y era tan buena, ¿Por qué la dejó tantas veces? Alguna explicación debe tener.
-Tenía tanto miedo de perderla, sabía que algún día ese miedo se haría realidad y quería evitarlo a toda costa, al final no funcionó, ahora lo revivo una y otra vez.
-Bueno, es por eso que está usted aquí, solo cierre bien ese frasco y ella se esfumará, quédese con los buenos recuerdos y acepte su partida, déjela descansar.
-¡Es ella la que no me deja!
-Seguro que este frasco le hará bien.
-¿Desde cuándo los frascos son suficiente prisión para un fantasma? -preguntó el joven.
-La ciencia ha avanzado mucho en los últimos años, nos enseñan a contener espíritus débiles desde el primer año de universidad... -Comenzó a explicarle el médico.
-¡Espíritu débil! -se escandalizó el jóven y a punto estuvo de perder los estribos- ella era todo menos eso, por qué cree que puede perseguirme aún muerta.
-Puede que sea tan terca como la describe o es solo que usted la trae a colación cada que puede y su mente lo está traicionando por eso. 
-¿Mi mente? ¿Insiste en que la estoy imaginando?
-No soy el primero en sugerirlo, por algo usted se encuentra aquí, sosteniendo un frasco de mermelada como si de un tesoro se tratara. 
-¡Ella era invaluable! ¡El amor de mi vida! 
-Y ahora usted se empeña en ser el amor de su muerte, ¡Déjela ir! Que descanse en paz.
-¡Le digo que me persiguen y usted se burla de mí con estas estupideces de frascos de cristal! -el joven enfureció y lanzó el frasco contra la pared más cercana, este se hizo añicos con el impacto y una mancha polvorienta se plasmó en el blanco, el joven casi pudo ver al espíritu elevarse contra su voluntad y contuvo el aliento.
-¡Está ahí! ¿No puede verla?
-¡Enfermeros! -exclamó el médico y un séquito de hombres entró corriendo como si hubieran estado esperando una señal-. ¡Llévenlo a su habitación! Hemos concluido por el día de hoy sin resultados positivos.
-¡No! Esperen... Yo solo... Creí que... ¡Alina! Juraste perseguirme y ahora estoy solo en este lugar, ¡¿Cuándo es que por fin vendrás por mí?!--No es sano tener recuerdos tan nítidos de algo que pasó hace tantos años y una memoria tan dispersa del ahora... 
Las palabras se fueron superponiendo y desdibujando hasta que el paciente dejó de oírlas y solo pudo distinguir la leve risa de Alina, algunos rostros desvaídos y el murmullo ininteligible del médico ordenando su próxima suscripción. Todo comenzaría otra vez mañana.

miércoles, 28 de enero de 2026

Realidad Onírica

¿Por qué sueñas con esas cosas?
Cuando yo sueño, sueño que soy yo, pero no soy del todo yo, así como veo rostros que creo conocer y que me hablan, se oscurecen, como si tratara de alcanzar algo que se hunde en una laguna profunda. Tampoco recuerdo sus palabras, pero en los sueños asiento e incluso respondo en un idioma tan ininteligible como el suyo.
A veces me sueño y no soy yo, puedo ver desde arriba e incluso controlar lo que pasa. Otras veces sucede todo lo contrario y cuando soy consciente de que vuelo o tengo poderes, automática e irremediablemente se estropean. Porque por mucho que sueñe que soy libre y que viajo a lugares lejanos y desconocidos, siempre vuelvo a dónde mismo: lo suficientemente cerca de esta realidad donde escribo para escuchar la alarma de las seis de la mañana y me pregunto si el sueño es lo que vivo o esta realidad donde una hora después de ser arrancada de mi cama me encuentro en el camión camino al trabajo, viendo rostros desconocidos que me suenan de algún lado, de otros días o tal vez incluso de otra vida. 
Es ir una mañana más atrapada entre cuerpos que vibran al ritmo del motor y las numerosas conversaciones preguntándome cuál es mi realidad, a veces se sienten tan difusas, parecidas, y me pregunto cuál me gustaría más. Esos sueños donde me pierdo y me confundo a mí misma con alguien más o esta realidad, este pesado mundo, donde quisiera perderme solo para poder alejarme un minuto entero de él.

martes, 16 de diciembre de 2025

Cosas que olvido

​“Aún pienso en ella, la extraño”

“¿Qué es lo que extrañas de ella?”

“Ya no lo recuerdo, solo queda el sentimiento, la ausencia, el duelo.

¿Cómo puedo saber por qué se extraña? ¿Cómo puedo medir lo que me falta?

“Lo que sea que ella tenía está también en ti”

Palabras vacías, carentes de vida. 

Yo solo quiero volver a vivir: Quiero las tardes de sol, las lecturas acompañadas, las risas explosivas y el no temerle a la realidad.

Solo quiero recuperar esos años de conversaciones profundas, de preguntas subversivas, interacciones relajadas y llenas de poesía.

¿Qué es lo que extraño de ella?

Ve tú a saber.

Todo lo que tuve lo tengo ahora, solo que con distintas personas, ¿por qué se siente tan distinto? Siento que olvidé cómo sentir.

Ya no soy la misma que tuvo tanto, voy creando a diario lo que reparto, ya no surje de mí como fuente infinita, soy lo que queda, lo que se ha ido ya no regresa.

Ahora nosotras habitamos distintos planetas, ella ignora mi existencia y yo intento olvidar que alguna vez fuimos amigas.

¿Por qué la extraño? Me preguntas. 

Y yo no lo recuerdo.