martes, 16 de diciembre de 2025

Cosas que olvido

​“Aún pienso en ella, la extraño”

“¿Qué es lo que extrañas de ella?”

“Ya no lo recuerdo, solo queda el sentimiento, la ausencia, el duelo.

¿Cómo puedo saber por qué se extraña? ¿Cómo puedo medir lo que me falta?

“Lo que sea que ella tenía está también en ti”

Palabras vacías, carentes de vida. 

Yo solo quiero volver a vivir: Quiero las tardes de sol, las lecturas acompañadas, las risas explosivas y el no temerle a la realidad.

Solo quiero recuperar esos años de conversaciones profundas, de preguntas subversivas, interacciones relajadas y llenas de poesía.

¿Qué es lo que extraño de ella?

Ve tú a saber.

Todo lo que tuve lo tengo ahora, solo que con distintas personas, ¿por qué se siente tan distinto? Siento que olvidé cómo sentir.

Ya no soy la misma que tuvo tanto, voy creando a diario lo que reparto, ya no surje de mí como fuente infinita, soy lo que queda, lo que se ha ido ya no regresa.

Ahora nosotras habitamos distintos planetas, ella ignora mi existencia y yo intento olvidar que alguna vez fuimos amigas.

¿Por qué la extraño? Me preguntas. 

Y yo no lo recuerdo.

martes, 25 de noviembre de 2025

De la sabiduría de los cítricos

​Algún día quiero volverme polvo, porque aunque no creo en la mitad de las cosas que he leído en la Biblia y la otra mitad me parece atroz, sí que me resulta tentadora la promesa de desintegrarme y volverme parte de la tierra, ser abono para plantíos y bosques, ser un ente que persigue aves insomnes en noches de profundidad inalcanzable.

Algún día quiero ser parte del paisaje, si no llego a convertirme en historia, si no si no puedo ser poesía, quiero quedar plasmada en los libros de biología, convertirme en guardadora de la vida. Y es que los forjadores de mundos pueden provenir hasta de una mandarina. No subestimes su existencia por temporadas, hasta ellas reconocen que después de octubre ya no queda nada, volverse polvo en enero es el ciclo correcto de esas frutas suicidas.

Algún día quiero ser sabia como un cítrico, aunque todas mis mascotas con nombres similares siempre han muerto: Toronja y limón, y estoy segura de que de haber nombrado a alguien más en ese espectro de nombres, también habrían tenido que morir, volver al polvo de donde ya habían escapado.

A Toronja le gustaba tomar el sol bajo un granado, con la inconsistencia de las hojas. 

Mientras Limón correteaba detrás de mi hermana y de mí en días fríos de diciembre, en años distintos, ninguna conoció un enero en nuestra casa. Me gustaría decir (aunque no es algo que pueda realmente gustar decir) que sus muertes fueron inevitables, que sus nombres y destinos iban pactados con mi teoría sobre las mandarinas decembrinas, pero sé que no fue así. Con todo, su sabiduría no se niega ni se confirma. 

Quizás por eso algún día seré sabia como un cítrico, con la necesidad inherente de volver al polvo, de no formar parte de los libros importantes, solo con menciones honoríficas, de unirme reticente a un ciclo natural de la vida y que la gente haga muecas cuando sepa de mí. Algún día volveré al polvo y renaceré en la rama de algún árbol, con la forma redondeada de piel rugosa, con secretos de otras eras y un impulso suicida propio de frutas como yo.

martes, 18 de noviembre de 2025

De la labor del tiempo

​A veces tengo tanto miedo del paso del tiempo, ni siquiera hay tiempo de preocuparnos, vivimos en la ocupación inmediata, el ahora mismo, todo categorizado en la emergencia y no promete cambiar. Nos desplazamos por los días a cada vez mayor velocidad y todo son responsabilidades y deberes disfrazados de sueños y deseos, de mensajes subliminales que nos indican lo que está mal y lo que está bien querer.

Tengo miedo por no soñar con endeudarme, por rehuir los pasatiempos “normales” y retroceder ante las olas consumistas y de satisfacción fugaz, pero nadie me entiende y me llaman loca, de carácter tacaño y muchas veces posesivo al pensar en mis formas de gastar.

Yo solo pienso en comprar libros y comida y renta y servicios, salir con mi novio y amigos, y de vuelta a empezar. 

No tengo más que decirle a todo el mundo que estoy viviendo otra vida, tal vez a la suya muy distinta, pero es mi tiempo, es mi sueño que no encaja con lo que la sociedad estipula y adoctrina. Y no siento que me esté quedando atrás, aunque como manchas borrosas los veo pasar y pasar. Más bien quisiera saltar al tiempo, volver a distinguir la línea entre el escrolleo excesivo y el antiguo aburrimiento.

¿Hace cuánto que no pienso? Es que nunca me detengo y no hay tiempo de pensar. ¿Esta soy yo o solo el conjunto de un comienzo entre la realidad y el vacío de un espacio virtual? Si cierro los ojos, ¿puedo recordar algún número telefónico, la conversación más reciente que tuve, mi desayuno de ayer? Si cierro los ojos, ¿seré capaz de detener esta sensación de vivir a la escapada, de prender y apagar pantallas, de correr tras los camiones y despertar en la oscuridad para repetir el ciclo e ir un día más a trabajar?

Y no es que no me guste, ¿acaso no sonrío como si fuera feliz? Más bien es que no me es suficiente. Quisiera dormir más, amar más, leer más, pintar, escribir, incluso tener tiempo para llorar,  pero ya estamos viviendo todos nuestros minutos al mismo tiempo. Y si hubiera más horas en el día, seguro el sistema también los haría suyos para que trabajemos más. 

martes, 11 de noviembre de 2025

Polvo ocasionado por tanto girar

​Mi vida es un borrón de colores por lo rápido que pasa,

Ya no distingo si estoy viviendo mucho o solo soy parte del entorno,

Dejándome llevar, en un intento por seguirle el ritmo a esta ingravidez vital.

Contra toda lógica es detenerme, prefiero de velocidad deteriorarme y formar parte de este universo fugaz.

Voy a armarme de polvo y volver de este mundo a estremecerme,

Porque estoy condenada a nunca parar,

Como tú, yo también juré que al morirme nuestro planeta perdería su poder gravitacional, 

¿Cuándo has visto a la tierra dudar? ¿Qué tanta influencia tenemos, hay consciencia de la pérdida, un vacío en el espacio, agradecimiento o llanto? Quizás la Tierra no siente cuando morimos, pero siente nuestro caminar.

Al final somos la espuma que habita en el mar, dispuesta estoy a enternecerme, enterrarme, todo con tal de ya no girar.

Pero los círculos están en todos lados, es lo más característico de ser humano, nos volvemos espiral, coleccionamos caracolas, somos hermeneutas que olvidaron cómo interpretar.

Ya no espero nada, ojalá estas náuseas se pasaran, para así por fin olvidar lo que es perderse, revolverse, aprender a reverdecer en este conocido mal.

viernes, 31 de octubre de 2025

De lo posible y planetario

Alguna vez fui feliz con lo inasible hasta que toqué el linde de un tal vez.

Era feliz en lo platónico, conforme con ese imaginario tan lejano, de constitución efímera y cambiante,

Efímera y cambiante, como el universo, a paso torpe y eterno, no llegaría a alterarse en esta vida, pero estaba condenado a ser final

Nos volvimos un peligro cuando aprendimos a desear,

“¿Qué vas a hacer al respecto?”, quise gritarte, “¿cómo me sacarás de este sufrimiento?”

Lo mismo daba si gritaba o si guardaba cada pensamiento muy adentro, muy adentro.

Me convertí, como siempre que me permito sentir, en una bestia arrolladora, de sentimientos intrusivos, de incontrolable soledad.

Sería con gusto inercia, me convertiría en polvo de planetas con un caótico giro lunar, te volvería mi centro si recordara cómo orbitar.

Pero guárdame esta vida, que mis deseos si bien cambiantes, son tan lentos, tan irreverentes, que son capaces de durar.

martes, 21 de octubre de 2025

Calles de frutales e insectos

En la calle del guayabo, aplastadas, yacen frutas que no resistieron un día más en sus ramas.

La calle huele a guayabas marchitas que desearían haber habitado primero un frutero.

En la calle Los Naranjos, no hay ni un árbol ni casas con colores que aludan un color parecido.

Los insectos voladores con mayor índice de mortandad son las cucarachas de tres centímetros, nadie podría abogar a favor de que el privilegio por belleza no existe.

Para una mente suicida

Terminarás matándote, querida mía, lo has descubierto y tu cuerpo solo espera. Lo supiste cuando en la mañana caía agua sobre tu cara, ni un baño te hizo sentir algo.

Lo supiste cuando notaste distancia con las personas que más quieres, cuando te negabas un día sí y otro también a llamar a tus padres, cuando llegaste a la conclusión de que no tenías metas y a la duda de si querías tener. La respuesta fue no.

Lo supiste cuando lloraste frente an amigos y desconocidos por quien alguna vez llamaste tu mejor amiga de por vida. Ya no son amigas, ¿cómo es que aún hay vida? Te preguntas, y deseas corregir ese capricho, ese desliz, error del destino y la casualidad, ¿cómo has resistido tanto? Esta indiferencia, el rechazo, el abandono y la desolación, ¿en qué momento decides vivir? ¿No tiene la misma importancia elegir cómo morir? A veces te has detestado, llamado tonta, para luego absolverte y culpar a los demás, te has dado palmaditas condescendientes y vuelto a empezar.

Ya probaste cada parte del arte, incluidas las biografías de varios suicidas, muchas poetas en la lista. Si de algo estás segura, es de que nunca te arrepientes de lo que sí llevas a cabo, de todos modos, con esta actividad cómo arrepentirte si habrá solo oscuridad.