No es posible negar la demonización
que me persigue, endemoniada, esa soy.
Y ella, sumergida en su falta de osadía,
por su profundo amor sufrió.
¿Y quién soy yo para pedirle ahora
que me ame todavía?
No estaba lista, pero era tan obvio.
"Era muy obvio", confirma él,
y toda mi realidad se tambalea un poco.
Tomadas de las manos de dos hombres que
nos aman y amamos, que amamos y nos aman.
Pero ven, amémonos tú y yo,
para servir hombres no nací y
me niego a morir de eso.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario