jueves, 28 de noviembre de 2019

Instrucciones de olvido en el recuerdo

Escuchas la canción del hielo formado en tu garganta,
vuelve a estrellarse en tu estómago, se revuelve, se rebela
y te dan náuseas en los ojos. No regreses los recuerdos
en su forma salada, no vomites esos días de terquedad.
Déjalos, dales el poder que quieran, a fin de cuentas,
algún día, como todo, también ellos morirán,
No olvides ese ritmo, ni el cello, ni la convicción al no
ser indiferente, a levantar la vista después de otra caída.
Permite a los jueves compararse, reflejados en espejos;
uno, de años pasado; el otro, tan joven que da miedo.
El primero, de triste figura desvaída, pero feliz de mortandad;
el otro, recubierto de pasado, descosido, rematado, y así,
vivo, resentido de sólo dedicarse a hilar e hilar.
Lo viste en el pasillo de cartón, bajo el verdor de un bosque urbano;
sus miradas no llegaron a encontrarse, pero se reconocieron.
Él evadió tu presencia, tú lo fingiste ausente,
sólo él actuó con verdad, pues tú querías dedicarle toda tu atención,
¿Qué más da? Él colecciona trofeos de errores en punto y aguja
aplicados en ti; experimenta posibilidades, cambia de opinión,
pero sigues ahí, ¿es que no aprendes? Sentiste esa mirada,
te giraste como por inercia para después, permitirle que pasara.
¿Qué sentido tiene esto? Mejor no hagas nada: valora el desencanto.

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