domingo, 10 de noviembre de 2019

Por la ruina del consejo

Fuimos un frío susurro en la oscuridad de un sabio escaparate,
de tintineo al inicio, enmohecido y silencioso a la mitad de la noche;
sonido luminoso de ladrillo anaranjado al final del día,
color dorado del amargo sudor en su cara.
Nos volvimos la ceguera de su nitidez erizada,
dimidiamos entre realidades y ventanas de simulacros;
recorrimos vitrales agazapados en estelas con olor a hierba,
con regusto a pan recién hecho, cincuenta años atrás;
el grito del chocolate al ser consumido.
Nos deslizamos por el verde humeante de su llanto sedoso,
escuchamos sus consejos, los guardamos para nunca utilizarlos;
pasamos sus palabras reagrupadas de una mano a otra,
coloreadas por el roce de su lengua,
antes de revelar el caos de hilos inconexos,
tejidos por su voz de petricor distante;
sopesamos sus palabras, resultaron ser espesa sabiduría otoñal,
tan sólo un punto azul agrio de cristalería lujosa.




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