viernes, 31 de octubre de 2025

De lo posible y planetario

Alguna vez fui feliz con lo inasible hasta que toqué el linde de un tal vez.

Era feliz en lo platónico, conforme con ese imaginario tan lejano, de constitución efímera y cambiante,

Efímera y cambiante, como el universo, a paso torpe y eterno, no llegaría a alterarse en esta vida, pero estaba condenado a ser final

Nos volvimos un peligro cuando aprendimos a desear,

“¿Qué vas a hacer al respecto?”, quise gritarte, “¿cómo me sacarás de este sufrimiento?”

Lo mismo daba si gritaba o si guardaba cada pensamiento muy adentro, muy adentro.

Me convertí, como siempre que me permito sentir, en una bestia arrolladora, de sentimientos intrusivos, de incontrolable soledad.

Sería con gusto inercia, me convertiría en polvo de planetas con un caótico giro lunar, te volvería mi centro si recordara cómo orbitar.

Pero guárdame esta vida, que mis deseos si bien cambiantes, son tan lentos, tan irreverentes, que son capaces de durar.

martes, 21 de octubre de 2025

Calles de frutales e insectos

En la calle del guayabo, aplastadas, yacen frutas que no resistieron un día más en sus ramas.

La calle huele a guayabas marchitas que desearían haber habitado primero un frutero.

En la calle Los Naranjos, no hay ni un árbol ni casas con colores que aludan un color parecido.

Los insectos voladores con mayor índice de mortandad son las cucarachas de tres centímetros, nadie podría abogar a favor de que el privilegio por belleza no existe.

Para una mente suicida

Terminarás matándote, querida mía, lo has descubierto y tu cuerpo solo espera. Lo supiste cuando en la mañana caía agua sobre tu cara, ni un baño te hizo sentir algo.

Lo supiste cuando notaste distancia con las personas que más quieres, cuando te negabas un día sí y otro también a llamar a tus padres, cuando llegaste a la conclusión de que no tenías metas y a la duda de si querías tener. La respuesta fue no.

Lo supiste cuando lloraste frente an amigos y desconocidos por quien alguna vez llamaste tu mejor amiga de por vida. Ya no son amigas, ¿cómo es que aún hay vida? Te preguntas, y deseas corregir ese capricho, ese desliz, error del destino y la casualidad, ¿cómo has resistido tanto? Esta indiferencia, el rechazo, el abandono y la desolación, ¿en qué momento decides vivir? ¿No tiene la misma importancia elegir cómo morir? A veces te has detestado, llamado tonta, para luego absolverte y culpar a los demás, te has dado palmaditas condescendientes y vuelto a empezar.

Ya probaste cada parte del arte, incluidas las biografías de varios suicidas, muchas poetas en la lista. Si de algo estás segura, es de que nunca te arrepientes de lo que sí llevas a cabo, de todos modos, con esta actividad cómo arrepentirte si habrá solo oscuridad.

No puedo ser nube

No nací para esta clase de amor, lleno de fugas y ausencias, de nacarada intensidad.

No nací para cuestionar mi materia o desear formar parte de las nubes, aunque me permito soñar.

A veces pienso en las nubes y deseo ser como ellas, enormes cuerpos vaporosos, inalcanzables y cambiantes, que no temen sus espacios reclamar y nunca vuelven a transitar el mismo cielo.

Me gustaría ser una nube también por su carácter efímero y transformador, por su aparente solidez (simple fachada), por sus colores cambiantes y camaleónicos, por su estructura inexistente y su presencia de sentido arrollador.

Me gustaría anunciar tormentas y estaciones, me gustaría dejarme caer en una lluvia de dos minutos y no escuchar a los transeúntes confundidos preguntar de dónde ha venido tal chaparrón porque me habré ido a otro lado, a seguir causando estragos.

Me gustaría vivir del aire, ser un oso y una flor y un elefante y todo lo que quieran ver en mí, igual la ilusión se verá disuelta en gases en un tris.

Pero soy lo que soy, y por mucho que lo quiera no puedo cambiar a mi antojo ni fingir ser una flor, no soy totalmente efímera, solo pueden serlo, si las obligo, las emociones en mí.

No puedo ser aire, soy anunciante de mi propio caos y un alma a punto de desintegrarse. Y si tampoco puedo ser nube, sé con certeza que no nací para esta clase de amor que me pide ser un ente flotante, sin rumbo ni un ritmo constante, sin inicio ni fin.

martes, 14 de octubre de 2025

De una constelación condenada a desaparecer

A veces quiero un futuro, uno de esos que tienen las personas que no creen en el destino, las que más bien se guían por lo que ven en espectaculares aquí y allá.

A veces quiero dejarme llevar y ser lo más cristalina posible para granjearme fama y ganarme amores, para que nadie se olvide de mí.

Soy todo lo que juré que sería y ahora no sé qué sigue, ¿Acaso no soñé lo suficientemente grande? ¿Es que esto es todo y soy solo las consecuencias del tiempo mal empleado en un sujeto de prueba? 

Todos dicen que es normal sentirse tan perdida en esta vida, pero no veo a nadie más que en vez de instrucciones busque convertirse en una estrella que flota y flota sin propósito, sabiendo no que morirá, sino que ya murió. ¿De verdad las estrellas lo saben?

Porque yo sí. 

Soy transparente, 

Miro mis manos nubosas

Y peligro con desaparecer.

Esta consciencia titila en la oscuridad de una vida tranquila 

Y no, no planee ninguna alternativa,

Nunca desee trascender,

Sé lo que están pensando,

Pero, ¡¿Conformista?! 

Conformismo es una palabra tan densa,

Requiere decisión.

¿¡Indecisa!? Lo negaré hasta disolverme 

Entre la nada, en este abismo

Que todos dicen que soy yo