A veces quisiera habitar en tu cerebro.
Formar parte de cada uno de tus huesos,
Articularme como uno de tus pensamientos.
¿Qué tan posible es conocer a una persona?
¿Hasta qué punto somos espejos más que profundos lagos de humanidad?
Alguna vez te conocí,
sabía abrazarte y hacerte reír.
Pero una persona no puede vivir sólo de abrazos.
No debería importar ya,
Los dos cambiamos tanto que deberíamos ser diferentes,
Seguimos siendo tan parecidos,
Como si la misma dirección hubiera regido nuestros caminos.
Te vuelvo a ver cada martes, algunos jueves, y me haces el día.
Nuestras vidas se entrelazan como la maleza en verano.
Pero ahora sólo es otoño y debo estar agradecida,
de lo contrario, mis raíces estarían para siempre a ti adheridas.
Quisiera saber en qué momento todo fue en descenso,
¿Fueron los hoyuelos que no tengo o quizás el dejo de ironía con que siempre bromeo?
La traición de estar conmigo se convirtió en tu ausencia,
Olvidaste que también éramos amigos,
Para recordar no se requiere ciencia,
Ni para vivir en la miseria.
Sé que te sientes solo, esa soledad melancólica ya te seguía a todos lados.
"Siempre estoy cansado", me dijiste una noche no muy lejana,
en que practicábamos ser amigos, en que fingíamos no ser nada.
Me pregunto si esa fue una de las razones para distanciarte.
Te prometo, nunca quise encapsularte,
Volverte mío, sí, lo admito.
Como sea, ahora te has ido.
Te vuelvo a ver,
Cada martes, algunos jueves, y me haces el día.
Pero los interludios son eternos, tan eternos
Que me da tiempo de volverme agua,
Parte de este mar que me atormenta y me estanca.
¿En qué momento me convertí en esta persona, con todos estos años y estos miedos?
Me hundo en este mar.
Es salado y guarda todas mis noches en vela,
los desbordes de mis ojos que se volvieron olas,
Y holas nunca dichos.
Pero este mar no es mi amigo,
Es más como el dolor, que se sienta junto a mí a la espera de que lo sufra a mi manera.
A veces arde como las llamas de todos mis demonios, con furia y pasión,
Otras veces me obliga a permanecer en cama,
Donde este cuerpo me pesa como si me quedara grande,
Y sólo puedo sentir que me hundo y me ahogo,
Por mucho que intente salir a la superficie, donde antes estabas tú.
Puedo decir que te quise,
Aunque el rechazo siempre acechaba en cada esquina.
Puedo decir con certeza que me amaste,
Aunque ese amor se convirtió en palabras sin sentido cuando volviste a marcharte.
¿Cuántas veces nos hemos despedido, y qué significa eso de guardarme en el olvido?
Nunca hemos aprendido.
Decirte adiós no está en mi diccionario,
Por eso es que mejor callo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario