La mañana inicia, estática como siempre
El hombre la mira, asentimiento horizontal
tan distante, cual inicuo e hilarante suspiro
Ruido interior de cambio revolucionario
se cocina en la superficie acristalada, sin
realidad propia que le devuelve la timidez
Cada mañana se admira en colores de rutina,
sus párpados cargados crean orgullosos un
futuro tan confuso como aquello traducido
en engranajes oxidados de ideas brillantes,
estancadas, traslúcidas; sin tiempo para
cambiar el mecanismo de los días en su
pesada marcha hacia la tumba material.
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