Escuchas la canción del hielo formado en tu garganta,
vuelve a estrellarse en tu estómago, se revuelve, se rebela
y te dan náuseas en los ojos. No regreses los recuerdos
en su forma salada, no vomites esos días de terquedad.
Déjalos, dales el poder que quieran, a fin de cuentas,
algún día, como todo, también ellos morirán,
No olvides ese ritmo, ni el cello, ni la convicción al no
ser indiferente, a levantar la vista después de otra caída.
Permite a los jueves compararse, reflejados en espejos;
uno, de años pasado; el otro, tan joven que da miedo.
El primero, de triste figura desvaída, pero feliz de mortandad;
el otro, recubierto de pasado, descosido, rematado, y así,
vivo, resentido de sólo dedicarse a hilar e hilar.
Lo viste en el pasillo de cartón, bajo el verdor de un bosque urbano;
sus miradas no llegaron a encontrarse, pero se reconocieron.
Él evadió tu presencia, tú lo fingiste ausente,
sólo él actuó con verdad, pues tú querías dedicarle toda tu atención,
¿Qué más da? Él colecciona trofeos de errores en punto y aguja
aplicados en ti; experimenta posibilidades, cambia de opinión,
pero sigues ahí, ¿es que no aprendes? Sentiste esa mirada,
te giraste como por inercia para después, permitirle que pasara.
¿Qué sentido tiene esto? Mejor no hagas nada: valora el desencanto.
"Tell me what part of this is fair? Someday you'll carry all this sorrow, but not tonight and not tomorrow, one day you'll miss what you had, and I will make it hurt so bad, cause I will cut off my own hand before I reach for you again". -Flower face, Eternal Sunshine.
jueves, 28 de noviembre de 2019
domingo, 10 de noviembre de 2019
Por la ruina del consejo
Fuimos un frío susurro en la oscuridad de un sabio escaparate,
de tintineo al inicio, enmohecido y silencioso a la mitad de la noche;
sonido luminoso de ladrillo anaranjado al final del día,
color dorado del amargo sudor en su cara.
Nos volvimos la ceguera de su nitidez erizada,
dimidiamos entre realidades y ventanas de simulacros;
recorrimos vitrales agazapados en estelas con olor a hierba,
con regusto a pan recién hecho, cincuenta años atrás;
el grito del chocolate al ser consumido.
Nos deslizamos por el verde humeante de su llanto sedoso,
escuchamos sus consejos, los guardamos para nunca utilizarlos;
pasamos sus palabras reagrupadas de una mano a otra,
coloreadas por el roce de su lengua,
antes de revelar el caos de hilos inconexos,
tejidos por su voz de petricor distante;
sopesamos sus palabras, resultaron ser espesa sabiduría otoñal,
tan sólo un punto azul agrio de cristalería lujosa.
de tintineo al inicio, enmohecido y silencioso a la mitad de la noche;
sonido luminoso de ladrillo anaranjado al final del día,
color dorado del amargo sudor en su cara.
Nos volvimos la ceguera de su nitidez erizada,
dimidiamos entre realidades y ventanas de simulacros;
recorrimos vitrales agazapados en estelas con olor a hierba,
con regusto a pan recién hecho, cincuenta años atrás;
el grito del chocolate al ser consumido.
Nos deslizamos por el verde humeante de su llanto sedoso,
escuchamos sus consejos, los guardamos para nunca utilizarlos;
pasamos sus palabras reagrupadas de una mano a otra,
coloreadas por el roce de su lengua,
antes de revelar el caos de hilos inconexos,
tejidos por su voz de petricor distante;
sopesamos sus palabras, resultaron ser espesa sabiduría otoñal,
tan sólo un punto azul agrio de cristalería lujosa.
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