martes, 1 de abril de 2025

Para la inevitabilidad de envejecer

Para envejecer no necesito un gran número de amigos, pero valoraría a cada uno con el orgullo del sol.

Nos imagino pasando el tiempo en la playa, sobre la arena, con deliciosos almuerzos con el sazón que sólo da la edad. 

Nos imagino viviendo en pueblitos recónditos, como vivieron muchos de nuestros padres, contando historias de sus momentos más humildes y los más brillantes.

Nos imagino en largas jornadas de lectura, de partidas de ajedrez, de paseos entre jardines y panaderías, nos imagino con quejas de todo lo que ya no podremos comer.

Para envejecer sólo pido compañía, ahora y entonces, sólo pido una rutina compuesta de amistades y amores.

He escuchado tantas veces en los últimos años que nadie pasa de los cuarenta en su imaginario, yo misma he deseado morir a "buena edad", antes de ser desechada por esta sociedad.

Con todo, nos imagino juntas, nos imagino amadas, en largas jornadas de té, porque no se nos permitirá tomar café.

Y sobre todo, no nos imagino condenadas a la asfixiante soledad que se nos vendía cuando se nos ocurrió decir que no queríamos ser madres, aunque sí nos gustó ser hijas. 

Para envejecer, recomiendo compañía, para no sufrir sola de una gripa ni del sentirse obsoleta ni caer en la locura o la sordera. Porque no está tan mal recargarse de años ni volver una y otra y otra vez sobre el mismo tema si hay alguien que te entiende y pasa por los mismos dilemas.