"Tell me what part of this is fair? Someday you'll carry all this sorrow, but not tonight and not tomorrow, one day you'll miss what you had, and I will make it hurt so bad, cause I will cut off my own hand before I reach for you again". -Flower face, Eternal Sunshine.
viernes, 28 de julio de 2023
viernes, 7 de julio de 2023
Reivindicación de la escritura desde la experiencia
Escribimos desde lo que conocemos, lo que hemos vivido. En los últimos años se nos ha hecho creer que escribir desde nuestra experiencia es un rasgo de escritoras principiantes, que escribir desde un yo autobiográfico una novela, no es escribir "bien".
Estudiar carreras referentes a literatura significa dos cosas: dejar de escribir y dejar de leer. La primera, porque se nos hace creer que a nadie le importa lo que tenemos que decir, que hay que basarse en los autores, y aquí llega la razón de la segunda, dejamos de leer porque sólo leemos a hombres, lo que también nos hace dejar de escribir al no poder reflejarnos en ese estilo de escritura.
La literatura escrita por hombres es premiada y halagada por concursos e instituciones, incluso nosotras tenemos que admitir que algunos son buenos, porque muchas veces lo son, pero no todos. Vemos ejemplos de cuentos escritos por mujeres que son mucho mejores en trama y estructura que los ganadores de los hombres. No obstante, el sistema los respalda, el público con poder económico los festeja, todo el mundo literario es estructuralmente masculino. Y cuando una mujer consigue ese reconocimiento, se dice que es porque "escribe como varón", ¿Puede haber una frase más machista que esa?
No debería existir la separación de escritura masculina y femenina, pero existe. En todo caso, sería mejor poder señalar otras características, si un libro es entretenido, si es emotivo o misterioso. Ni siquiera es posible decir que un libro es bueno o no, si es interesante o no lo es, porque la audiencia es de gustos diversos. Si tan sólo los espacios oficiales aceptaran este hecho y dejaran de tratar a los libros escritos por mujeres como "literatura juvenil" y a las escritoras como minoría, cuando no es así, somos al menos la mitad de la comunidad literata y todo radica en la visibilidad que se nos da.
Tenemos tan normalizado que los hombres no consuman los productos literarios o artísticos de las mujeres, mientras se ríen con suficiencia de nosotras si no conocemos a tal o cual autor. ¿Acaso ellos han leído a Jane Austen, las hermanas Brontë, Clarice Lispector o Kate Morton? ¿Acaso conocen a Elena Garro por sí misma y no por haber sido esposa de Octavio Paz? Aquí quiero señalar otro tema de vital importancia, cómo las mujeres existen con respecto a los hombres, quiénes fueron sus esposos, hermanos o padres. Pocas mujeres consiguen superar ese estigma social. Emilia Pardo Bazán consiguió reconocimiento por su nombre al alejarse de su familia, pues su padre era un hombre poderoso y rico. No obstante, eso no es de ayuda en casi ninguna ocasión, pues se espera de las mujeres aquello que los hombres ya han alcanzado, es decir, si ellas consiguen algo, la sociedad dice que no es por su talento, sino por la influencia masculina que las respalda. Lo cual resulta muy molesto y una gran mentira.
La experiencia de estas mujeres, y no las influencias masculinas que las rodeaban, fue la que las llevó a escribir o a expresarse artísticamente como lo hicieron. Muchos de sus escritos se perdieron con el tiempo, ya fuera por falta de reconocimiento institucional o por falta de público económicamente activo. No es de sorprender que en la actualidad las antologías de cuentistas contengan treinta autores y tan sólo cinco autoras, a menos, claro, que sea una antología de mujeres. No es por escasez de escritoras, siempre han existido, sino por falta de espacios de reconocimiento neutrales, donde no importe el sexo de la persona para ser considerado literatura; donde las críticas provengan de autoridades igualitarias y no sólo de una mesa conformada por hombres con ideas y gustos similares que se festejan unos a otros por estar dentro de la norma masculina.
Finalmente, considero que escribir desde la experiencia es conectar con las personas lectoras con una verdad compartida, de situaciones, emociones y sentimientos que quizá todas hemos vivido o todas desearíamos haber vivido. Así mismo, no debería existir una norma que señale lo que podemos o no escribir, sobre todo en las escuelas, donde, para empezar, tienen programas educativos plagados de autores masculinos, desde la literatura medieval y prehispánica, hasta el romanticismo y lo contemporáneo. Claro está que no desacredito a estas novelas porque forman parte de la historia de la literatura y son las bases para aprender a analizar y escribir. Sin embargo, sí quiero recalcar que el problema está en la falta de literatura que no encaja en la norma heteropatriarcal en dicho bagaje, porque, ¿cómo pueden decir que la historia está completa si falta más de la mitad de la población en ella?
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